O faiado: Espazos

O dia vinte pechamos o plazo pra abonar a viaxe

Incorporamos a o itinerario as Fervenzas do Ezaro, quedan moi preto do lugar donde imos xantar en Cee.

Lugares todos de MEMORIA, o Monte Pindo foi lugar de refuxio, nas suas furnas e covas dos defensores da Republica, perseguidos ferozmente polos falanxistas da zona que os querian asesinar.

A sua supervivencia foi posible gracias a o apoio e solidaridade das xentes do lugar, tamen por suposto das familias.

Lembrade que quedan moi poucas datas pra pechar o tempo para cobrar o viaxe.

 

16 DE OUTUBRO DO 2026, VENRES

Subidas en A VILAGARCIA DE ONTE, PERSONAS RECORDADAS.

En portada inauguracion en Bos Aires da CASA DA TROYA, restaurante propiedade de Elpidio Villaverde que durante un tempo foi o lugar de reunion dos galegos republicanos exiliados na Arxentina.

Mostramos hoy otra de esas fotos que son novela.
En ella se pueden reconocer a personajes famosos del exilio republicano gallego en el Buenos Aires de la posguerra civil española..Es una foto de una comida de celebración de la inauguración del restaurante de Elpidio Villaverde Rey, llamado “La Casa de la Troya”, en Buenos Aires.
La “Casa de la Troya” se convertirá en sede de importantes tertulias, tanto de escritores como de pintores, alguno de los cuales, como Castelao, Colmeiro o Luis Seoane decoraron sus paredes con murales.
Otro lugar mítico de reunión de una importante cantidad de artistas e intelectuales gallegos durante los años posteriores a la Guerra Civil Española (desde los años 40) fue el Cafe Tortoni. Hubo una peña llamada la Peña del Tortoni, compuesta por miembros del exilio republicano gallego y a la cual asistían asiduamente Luis Seoane (artista plástico), Arturo Cuadrado (poeta y editor), Lorenzo Varela (poeta y periodista) y Rafael Dieste (escritor y filósofo).
Esta foto del banquete es una foto ya conocida y publicada (que hemos tomado de la web de Nomes e Voces.net) pero la traemos hoy al blog porque aparte de identificar en ella a importantes y conocidas figuras del exilio gallego republicano en Argentina como Castelao, Elpidio Villaverde, Dieste, Gumersindo Sánchez Guisande (a quien ya dedicamos otra entrada del blog),… aparece otra persona que es la que hoy queremos destacar. Nos referimos a Daniel Trabazo Serapio, dentista de Vigo-Vilagarcía que marcha al exilio a Argentina en los primeros meses de la Guerra Civil. al presencia de Castelao en esta foto nos hace pensar que debe de ser en torno a 1940-1941 ya que éste llega a su etapa de exilio en Buenos Aires en 1940 .

Gracias a la colaboración del arquitecto pontevedrés Carlos Trabazo, hijo de Daniel Trabazo, hemos podido completar/ampliar la identificación de personas que aparecen en la foto. Señalados en la foto con nº:
1- Daniel Trabazo Serapio;
2- ¿Rafael Dieste?;
3- Castelao;
4- Gumersindo Sánchez Guisande;
5- Elpidio Villaverde ( a su derecha está su esposa Rosina Otero Torres, y una hija suya a su izquierda, en 5º y 3º lugares respectivamente).

 

Portada de revista “De mar a mar”(1942, Buenos Aires), con dibujo de Luis Seoane, que fue uno de los primeros proyectos intelectuales y culturales sostenidos en Buenos Aires durante los años cuarenta por parte de un grupo destacado de exiliados españoles –en su mayoría, gallegos- en su diálogo con la intelectualidad latinoamericana. Tomado de “Guerra, exilio e imágenes transatlánticas. Un análisis de la revista De mar a mar”. Tomado de http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v23/dolinko.html

Pablo Recuna dijo…
El número 5 no es Elpidio Villaverde, es su hermano Luis Villaverde Rey, que que yo sepa era el que llevaba el peso de la casa de la Troya, con Elpidio. Elpidio es de los que están de pie el cuarto por la derecha. A la dedecha de Luis Villaverde está su esposa Leonor Villaverde Somoza. Creo que la que está delante a la derecha de Elpidio (6ª de pie por la derecha) es Rosinita Villaverde Otero, la hija de Elpidio, que falleció este verano en Vilagarcía. La que tiene la mano en el hombro de Luis Villaverde (5) es su hija Nucha Villaverde Somoza.

Bos dias, saude

Artigo no DIARIO DE AROUSA,

Creando espacios.

La ?ciudad jardín? de A Lomba: El primer gran sueño del nuevo urbanismo de Vilagarcía.

Reportaxe de Olalla Bouza en colaboracion co Faiado da Memoria.
Diario de Arousa

La ciudad comenzaba a cambiar, para bien y para mal, hacia un nuevo urbanismo que la alejaba de aquella villa bañada por el mar y uno de los grandes proyectos de esta era fue ?la ciudad jardín? de A Lomba, formada en su mayoría por chalets adosados en la que residieron funcionarios municipales y de otras administraciones establecieron d s.
El proyecto se anunció en abril de 1955 por un presupuesto de 3,9 millones de pesetas. ?Cuando se tracen y acondicionen las calles y estén en funcionamiento todos los servicios inherentes a este magnífico grupo de viviendas es indudable que aquella extensa y hermosa zona cobrará no solo un valor urbanístico sin parangón en Vilagarcía sino también que ganará mucho en belleza?, señalaba El Pueblo Gallego en 1956.
Finalmente el proyecto se hizo realidad, los chalets se conviertieron en hogares y uno de los niños que correteó por aquellos jardines fue Moncho Paredes, que recuerda perfectamente la distribución de las casas. La primera, entrando por Matosinhos, era la de José Bazaco, ?que era única?, y en esa zona vivían también César Morales, Celestino Ramos, Francisco Pérez (militar), Enrique Meyer (cargo del Ministerio de Vivienda), Manolo Novo (empleado municipal), José Fernández (de obras del Puerto), Emilio Pérez Antelo, José Burés y Enrique Melio (empleados municipales). En la zona central, relata Paredes, se situaban las casas de Antonio Villaronga, Paulino Piñeiro (juez), Manuel Trillo (practicante), Fole (empleado de la banca), Francisco Novoa, Moncho Paredes (padre), Teófilo Sábchez, Francisco Mouriño (militar), Jesús Castro, Luis García y Luis Blanco (guardias municipales) y Antonio Bugallo, cuya casa ponía punto y final a este área. ?En la fila de la izquierda la primera casa individual era la de Antonio Ricoy, seguida por la de Joaquín Durán (guardia municipal que luego expendía carnets de identidad), después la de Octavio del Río (aparejador), las siguientes eran las de Avelino Campos (ferroviario), Antonio del Río (fontanero), José Casal, Francisco Somozo y Miguel Martín (guardias municipales), Eduardo Núñez y Manuel Rey (empleados del Ayuntamiento), Manuel Barranco (guardia), José Mondragón y por último la de José Ramos, que estuvo poco tiempo y luego la casa la habitó
La ?ciudad jardín? de A Lomba: El primer gran sueño del nuevo urbanismo de Vilagarcía.La ciudad comenzaba a cambiar, para bien y para mal, hacia un nuevo urbanismo que la alejaba de aquella villa bañada por el mar y uno de los grandes proyectos de esta era fue ?la ciudad jardín? de A Lomba, formada en su mayoría por chalets adosados en la que residieron funcionarios municipales y de otras administraciones establecieron d s.
El proyecto se anunció en abril de 1955 por un presupuesto de 3,9 millones de pesetas. ?Cuando se tracen y acondicionen las calles y estén en funcionamiento todos los servicios inherentes a este magnífico grupo de viviendas es indudable que aquella extensa y hermosa zona cobrará no solo un valor urbanístico sin parangón en Vilagarcía sino también que ganará mucho en belleza?, señalaba El Pueblo Gallego en 1956.
Finalmente el proyecto se hizo realidad, los chalets se conviertieron en hogares y uno de los niños que correteó por aquellos jardines fue Moncho Paredes, que recuerda perfectamente la distribución de las casas. La primera, entrando por Matosinhos, era la de José Bazaco, ?que era única?, y en esa zona vivían también César Morales, Celestino Ramos, Francisco Pérez (militar), Enrique Meyer (cargo del Ministerio de Vivienda), Manolo Novo (empleado municipal), José Fernández (de obras del Puerto), Emilio Pérez Antelo, José Burés y Enrique Melio (empleados municipales). En la zona central, relata Paredes, se situaban las casas de Antonio Villaronga, Paulino Piñeiro (juez), Manuel Trillo (practicante), Fole (empleado de la banca), Francisco Novoa, Moncho Paredes (padre), Teófilo Sábchez, Francisco Mouriño (militar), Jesús Castro, Luis García y Luis Blanco (guardias municipales) y Antonio Bugallo, cuya casa ponía punto y final a este área. ?En la fila de la izquierda la primera casa individual era la de Antonio Ricoy, seguida por la de Joaquín Durán (guardia municipal que luego expendía carnets de identidad), después la de Octavio del Río (aparejador), las siguientes eran las de Avelino Campos (ferroviario), Antonio del Río (fontanero), José Casal, Francisco Somozo y Miguel Martín (guardias municipales), Eduardo Núñez y Manuel Rey (empleados del Ayuntamiento), Manuel Barranco (guardia), José Mondragón y por último la de José Ramos, que estuvo poco tiempo y luego la casa la habitó Villaronga, nos cuenta Moncho Paredes. Ver menos

 

Asesinato de nove persoas o 15 de Outubro do 1936, -A VOLTA DOS 9-

Antonio Caeiro aborda en un documental un fusilamiento cuyo recuerdo se mantuvo
grabado con cruces varias décadas en Baiona.
redactor FERNANDO SALGADO.
DOCUMENTAL A VOLTA DOS NOVE

¿Quién o quiénes grabaron durante varias décadas nueve cruces en un punto de la carretera entre Baiona y A Guarda donde un grupo de guardia civiles y falangistas asesinaron a nueve hombres en el mes de octubre del año 1936?
Cuando fue proclamada la II República, Baiona era una fiesta. Pocos fueron a trabajar aquel día y una muchedumbre inundó las calles para celebrarlo, sonó la música y los más encendidos entraron en la Casa Consistorial, sacaron los cuadros que colgaban de las paredes y los tiraron a la calle por la ventana.
«Estabamos cheos de reis do carallo», comenta Manolo Tourón, uno de los testigos de aquella escena. «Todo eran gritos, todo era baile, todo era cante… e despois, ostias», agrega apesadumbrado. La alegría dura poco en la casa del pobre, puntualiza el narrador del documental ‘A volta dos nove’, dirigido por Antonio Caeiro.
Al golpe de estado del 18 de julio de 1936, los vecinos de los tres concellos de la comarca del Val Miñor, Baiona, Nigrán y Gondomar, trataron de responder a los fascistas valiéndose de un armamento tan escaso como poco efectivo y sin una mínima preparación. «Eses mozos, que non sabían nada de pelexar, así que souberon que o exército viña pola Ramallosa fuxiron cara o monte», recuerda Marina Solla.
Al triunfo de los militares sublevados siguió una feroz represión, cuyo primer objetivo fue la eliminación de todas aquellas personas que tenían una especial ascendencia entre la población. En este grupo figuraban los hermanos José y Luis López Luis, conocidos como Os Ineses. Anarquista el primero y socialista el segundo, ambos habían sido expulsados de Argentina por haber combatido la dictadura en el país sudamericano y se implicaron a fondo en la lucha por la República en España.
Por su casa, situada en Sabarís (Baiona), pasaron republicanos venidos desde diversos lugares de Galicia, vecinos a los que invitaban a tomar el té con pastas y niños que jugaban los domingos en los columpios que habían instalado en un jardín. Quienes los conocieron subrayan que a pesar de ser ateos reprobaban a quienes blasfemaban.

ESPERANTO. También construyeron un sistema de riego para su huerta y Pepe, que fue el principal impulsor de las obras y su vestimenta habitual era mínima, bajaba todas las tardes hasta Sabarís a impartir clases de esperanto, para que sus vecinos supiesen comunicarse en el idioma que los anarquistas querían convertir en cauce de entendimiento universal, sin importar el país en que viviesen.

«Esto estaba todo limpo como un xardín. O traballo que tivo aquel home de poñer pedriñas, unhas enriba das outras», recuerda Eugenio Rodríguez mientras camina por lo que fueron sus propiedades, hoy convertidas en un monte donde crece la maleza.
«Os Ineses era unha familia esmerada á que todo o mundo lle quería», recalca Eugenio Rodríguez, que convivió con ellos cuando era un niño.
Tiempo atrás, una bandera republicana cubría el ataúd de Inés Luis el día que enterraron a la madre de José y Luis, que estuvieron acompañados por una multitud en una ceremonia sin música ni oraciones. «Ese foi o enterro máis bonito que eu mirei en Sabarís e en todos os sitios», agrega Rodríguez.
Cuando supieron que estaban en el punto de mira, se refugiaron en la casa de un vecino, a la que no tardó en llegar el cabo de la Guardia Civil Manuel González Pena, a quien definen como un individuo sin escrúpulos. «Era un sinvergoña, un abusador de mulleres», asegura Cándido Alonso, que vivió en primera persona aquellos acontecimientos.
«O cabo Pena era jorobado», dice Carmen Fernández. «Era un home moi malo. Foi de medo. Pegaba tundas», coinciden Álvaro y Elisa. Manuel Tourón comenta que un día lo agarró por el pelo porque no quiso levantar el brazo y le golpeó con una pistola. «Era cativiño, levanteino en peso e colleu porta», agrega. Jesús Santodomingo afirma que obligaba a su padre, el único chófer de Baiona, a buscar personas que figuraban en su lista de víctimas.
El 13 de octubre de 1936, el cabo Manuel González Pena y los falangistas Luis Refojo Mariño y Emilio Carrera González irrumpieron en la vivienda donde se encontraban Os Ineses. Los dos huyeron después de que José López hubiese herido mortalmente a Refojo de un disparo.
Carabineros, guardia civiles y falangistas fueron en su busca y no tardaron en ser abatidos. Antes habían asesinado a Dolores Samuelle, que atendía la casa, una vez que les indicó la ventana por la que escaparon, y los tres fueron enterrados en la misma fosa con el cuerpo de la mujer entre los de ambos. «Xa foi escándalo iso. Caghondiola. Home, home, o que fixeron… nin polo pensamento», lamenta Alonso.
La venganza del cabo Pena fue inmediata y fulminante. Se llevó del Frontón de Vigo, convertido en una prisión, a nueve hombres elegidos al azar: Manuel Aballe Domínguez, Felicísimo Antonio Pérez Pérez, Elías Alejandro Gonda Alonso, Manuel Francisco Lijó Pérez, Modesto Fernández Rodríguez, Fidel Leyenda Rodríguez, José Rodríguez González, Manuel Barbosa Durán y Generoso Valverde Iglesias. Siete marineros, un herrero y un campesino, cinco de Baiona y cuatro de Panxón, de edades comprendidas entre 36 y 51 años.
En el kilómetro 58 de la carretera Baiona-A Guarda fueron fusilados al amanecer del día 15. La Guardia Civil dio el alto a varios vecinos que se dirigían a Baredo a buscar piedra en carros tirados por vacas, pero no pudieron impedir que escuchasen el estruendo de los disparos.
Desde ese día, y desafiando a la Guardia Civil, que las borraba a diario y vigilaba, manos anónimas pintaron nueve cruces en el lugar donde cayeron. Primero en el suelo y más tarde en una roca. Así es como acabó siendo conocido como A curva dos nove.
Algunos le ponen nombre a su autor, otros comentan que fueron varios quienes las dibujaron, y no falta quien plantea que las víctimas regresaban del más allá para dibujarlas y que no se olvidase el asesinato.
«Esta é unha historia que, de ser coñecida por Bertold Brech, podería ter formado parte da súa selección de cadros ilustrativos do horror baixo o III Reich», escribió Méndez Ferrín.
«Fue el señor González Pena un hombre servicial, de acrisoladas virtudes y dotado de un carácter amable que le granjeó múltiples simpatías y amistades. La hombría de bien, la comprensión y la cordialidad eran en él proverviales», publicó un periódico el día 5 de julio de 1969 con motivo de su fallecimiento, a la edad de 69 años. Entonces era teniente y vivía en la céntrica calle Oliva de Pontevedra.
Quiso el destino que mientras recibía cristiana sepultura, después de que se hubiese celebrado una solemne ceremonia en la iglesia de San Bartolomé, la alegría estallase en el lugar de Baredo, donde sus vecinos celebraban las fiestas parroquiales.

————————————————————————————————
El 15 de octubre de 1936 nueve vecinos de la comarca del Val Miñor fueron brutalmente asesinados a manos de falangistas. Al día siguiente aparecieron nueve cruces marcadas en el suelo donde había ocurrido el fatal suceso, en Baredo, y, cada día, alguien renovaba las marcas. Así durante muchos años, incluso ya entrada la democracia. Esta es la historia que recupera el documental “A volta dos nove”, realizado por Antonio Caeiro junto con la documentalista Margarita Teijeiro y que se estrena este sábado en el Auditorio Municipal de Vigo. El documental se proyecta a las 20.30 horas, pero antes se ofrecerá un vídeo homenaje a todos los represaliados.

“Este brutal episodio de la represión se desencadenó a raíz de una venganza; los falangistas habían asaltado dos días antes la casa de dos hermanos republicanos en Sabarís. Los hermanos contaban con armas e hicieron frente al ataque, muriendo al final ambos y uno de los falangistas”, explica Caeiro.

El documental habla con algunos de los descendientes de los fusilados y también con algunos de los testigos del fatal desenlace, a lo que une una recreación de los hechos. “Comenzamos a grabar los testimonios en 2006 y lo terminamos ocho años después, así que la mayoría de los testigos han muerto”, apunta el director.

Este documental completa la “Tristología” de la memoria oral que Caeiro fundador de la asociación “O Faiado da memoria”- inicio con “Aillados” (2001) y “A memoria do wolfram” (2003).

La fecha del estreno rinde homenaje a los últimos cinco fusilados por la dictadura, el 27 de septiembre de 1975, entre los que se encontraba el vigués Umberto Baena.

 

 

 

 

 

AILLADOS en Vilagarcia

A fotografia da hemeroteca do FARO DE VIGO E obra de Jose Luis Oubiña. Figuran na imaxen Juan Fajardo, Xose Castro Raton, Maria do Carmen Prieto e Javier Rios. 19 de Maio do 2006. Comision da Memoria de Vilagarcia. Estan a presentar o Documental  AILLADOS, Antonio Caeiro estaba sentado na esquina da mesa que non se vé, tamen estaba a o seu caron Gonzalo Amoedo, investigador de Redondela. AILLADOS, foi clave para as primeiras investigacions sobre a ILLA DE SAN SIMON, sobre a guerra civil para os investigadores que mais tarde no tempo, escomenzaron a investigar.

Tanto Caeiro como os da Comision de Vilagarcia pioneros totais no tema da HISTORIA, da Memoria. Xa facia mais de quince anos que se habia escomenzado por parte de Margarita Teijeiro a investigacion dos asesinados na vila, tamen estaba construido e inaugurado o Monumento ROSAS ROTAS, DE MANOLO CHAZO , en honor a os que lle quitaron a vida

FARO DE VIGO VIlagarcÍa
REDACCION
FOTOGRAFIA DE JOSE LUIS OUBIÑA

19 MAY 2006 3:00
Los vilagarcianos tuvieron un protagonismo clave en la etapa más negra de la historia de la isla de San Simón, la que comprende el período inmediatamente posterior al alzamiento de 1936, cuando la isla fue convertida en presidio.

Así lo demuestra el documental “Aillados” que se emite a partir de las ocho de la tarde en el auditorio municipal vilagarciano. Será en un acto organizado por la Comisión por la memoria, que contará con la presencia del director del filme, Antonio Caeiro.

El equipo de Caeiro tardó ocho años en intentar recuperar la memoria de quiénes sufrieron el horror del Lazareto. Y en ese trabajo de compilación fue básica la aportación de dos reos vilagarcianos: Bienvenido Lago y Dámaso Carrasco. El nacionalista Xosé Castro Ratón, miembro de la comisión, explica que el diario de Bienvenido Lago fue clave para la película. Lago era jefe de la Policía Local vilagarciana y su lealtad al gobierno de la República tras el alzamiento provocó su reclusión en San Simón. Allí coincidiría con Valentín Briones, alcalde de la ciudad en julio de 1936. Ambos fueron autores de dos diarios que, con palabras prácticamente idénticas, recogían el día a día de la prisión. La similitud se achaca a su deseo de que el relato no se perdiese, aunque uno faltase.

 

Dámaso Carrasco era consignatario. Su significación nacionalista le llevó a San Simón. Era uno de los pocos reos que disponía de cámara, quizá por su posición social. Las instantáneas que conserva su familia son un legado básico para comprender la realidad de San Simón que esta tarde desgranará “Aillados”.

Cumprense 90 anos da chegada dos presos a San Simon

A fotografia pertenece a grabacion de Antonio Caeiro para o documental AILLADOS. Na imaxen, Alfredo Bautista Alconero, mais coñecido como Reisiño.

‘Reisiño’, o galego que viviu a represión franquista no paraíso infernal de San Simón
Ata 6.000 persoas padeceron as represalias dos falanxistas na illa de San Simón, onde sufriron a fame, a miseria e, en moitos casos, a morte
gCiencia
XORNALISMO-DIVULGACION
Reisiño subía ao camión. Era un traslado. Segundo chegou ao seu destino, pensou que, quizais, sería un lugar mellor. Había máis espazo, tiñan baños, e había patios que daban ao exterior. A beleza dalgunhas zonas daba unha falsa sensación de seguridade. Algúns, considerárono un paraíso terreal. Pronto se darían conta de que era un paraíso infernal.

A illa de San Simón foi, entre 1936 e 1943, un símbolo da represión franquista en Galicia. Alfredo Bautista Alconero, coñecido como Reisiño, foi unha das persoas que, xunto a outros 6.000, pasou por ese cárcere onde encerraron e asasinaron a opositores e outras figuras vistas como un perigo ou un inimigo polos sublevados. A el e a todos os que pasaron por ese terror dedicóuselles o pasado martes unha conmemoración no festival de Cans. A historia de Reisiño, xunto con outras vítimas da represión, dan voz ao documental Aillados, realizado en 2001 e proxectado no festival. Non é a única peza creada sobre estas historias: a TVG tamén ten unha webserie chamada San Simón, colonia penitenciaria, que fala sobre este tema. Agora, cobra máis importancia ca nunca coa creación, ademais, dunha película de ficción co mesmo nome que a illa (San Simón) que se estreará en outono.

Un traslado confuso
Todas as historias das persoas que pasan por esta illa son difíciles, duras. Reisiño formaba parte das Xuventudes Comunistas. O mozo de Ponteareas marchou, xunto co seu irmán, cara a Pontevedra no comezo da Guerra Civil. O seu intento fracasou moi rápido. Un grupo de gardas civís deulles o alto. Foron acusados de pistoleiros de acción, de mala conduta e antecedentes e intento de asalto ao cuartel da Garda Civil. Tamén foron acusados de cobrar un soldo por Moscova. A vítima do franquismo ría, máis de 40 anos despois, durante unha entrevista, destas acusacións dos falanxistas. Os dous irmáns foron detidos e, despois de que lle lesen a súa condena, eles e as súas familias choraron. A pena imposta, 30 anos, era moi dura, si, pero non era unha condena de morte. Choraban, claro, pero non de tristeza. Facíano de ledicia.

O percorrido que viviu Reisiño no seu traslado foi confuso para el. Ao igual que outros, ao chegar viron un espazo amplo, cun edificio de grandes ventás e con vistas a toda a ría. Porén, o paso das semanas enchería ese edificio, chegando a estar varios centos de detidos ao mesmo tempo. Heriberto R. Bermejo, represaliado polo franquismo, recordaba no documental como ata 80 persoas podían estar nunha mesma sala. Colocábanse en tres ringleiras, amoreados de tal forma que a fila do medio quedaba entre os pés do resto. “Cando había que saír ao servizo, ás veces pisabamos pedras e ás veces pisabamos cabezas”, dicía Bermejo. Ao principio, dispoñían de baños. Ao final, tiñan que facer as súas necesidades en caldeiros.O medo de ser fusilado
O seu maior temor, segundo Antonio Caeiro, director do documental Aillados, era xustamente o que podía pasar cando saían de alí. Moitos deles eran fusilados nos chamados ‘paseos’. Reisiño retrataba o que podía a través dos seus debuxos. A vítima do franquismo tamén creu que ía ser fusilado cando, un día, viu unha luz acenderse de golpe. Pensaban que sería a furgoneta que ía levalos, pero só era un garda. O medo era constante.

Durante a súa estancia alí, Reisiño puido ver a moitos desaparecer. Co tempo, aprenderon a identificar algúns dos signos que indicaban que o individuo que marchaba non volvería. Por exemplo, se era a garda de asalto —e non os falanxistas ou a Garda Civil os que os levaban—, probablemente era para algún procedemento xudicial, polo que non tiñan por que ser fusilados. Si era un signo de que a persoa podería ser asasinada se non levaba as cousas con el, xa que para os traslados tiñan que levar as súas poucas pertenzas.

Co paso do tempo, a situación volveuse moi insalubre, con enfermidades diversas e con outros problemas, como os piollos. A fin da guerra provocou a chegada de 300 ou 400 persoas maiores, doutras partes de España. Isto empeorou a situación de insalubridade que xa había e que, segundo contaba Reisiño, desatou problemas como a aparición de piollos. As condicións meteorolóxicas tampouco axudaban: a humidade e o vento era algo moi prexudicial para os encarcerados.

Medio millar de mortos polas condicións internas
O problema máis grande foi a falta de comida. A escaseza foi unha constante durante todo o seu paso por este cárcere, onde primaba a corrupción. Pero isto agravouse moito coa chegada da xente maior. Estes saían canto antes para poder recibir a comida os primeiros. Un día, segundo contaba o ponteareán, un garda comezou a pegarlles patadas aos vellos xusto despois de recoller a comida. Estes disputaban o almorzo no chan. Moitos, para sobrevivir, comezaron a inxerir ratos e calquera cousa que atopasen que viña da costa. Isto provocou moitos envelenamentos e moitos falecidos. “A falta de rexistros, unhas 500 persoas morreron polo problema climatolóxico e o alimenticio”, comentaba Caeiro.

A excesiva cantidade de presos no lugar derivou, en moitas ocasións, en fusilamentos. Era especialmente preocupante a situación daquelas persoas que aínda non foran procesadas, segundo comenta Caeiro, xa que tiñan aínda menos garantías. Se non aparecían nos rexistros, a súa morte non chamaría a atención.

Reisiño tivo un pouco máis de sorte ca outros. Ante esas sobrepoboacións, as autoridades decidiron revisar moitos casos para rebaixar as condenas. El foi un dos beneficiados. En 1940, apenas un ano despois de rematar a guerra, foi posto en liberdade condicional. San Simón sería un dos recordos máis duros para miles de persoas. Un lugar precioso contaminado pola cruel represión daqueles que se levantaron contra a república. Agora, a súa función principal é de real importancia: que a súa historia xamais sexa esquecida.