Categoría: LIBERTAD É MEMORIA

NON mais silencio, non mais esquencemento, fagamos unha festa ca nosa MEMORIA, ca nosa HISTORIA



  • SAN SIMON, tamen é NOSO.

    Traballamos desde O FAIADO DA MEMORIA en todo o que se nos solicitou. Antonio foi un dos asesores tendo en conta as suas vivencias  como Director de AILLADOS


  • NON estamos todos na fotografia

    EXTRAS-COLABORADORES que foron invitados polo FAIADO DA MEMORIA a colaborar na rodaxe de SAN SIMON.

    Alguns de eles figuran na fotografia, pero non todos. O fixeron de forma altruista, con sentimento y a emocion que nos facilita o saber o que ali pasou.

    AGRADECEMENTO a xente do FAIADO, os premios tamen son para cada un de eles.

    Manuel Rodríguez Parracho
    Juan Carlos Alonso
    Rosa Toucido
    Fran Alonso Toucido
    Mario César Vila
    Antonio Pereira “Ton”
    Melida García Tobío
    Ángela González Rodal
    Antonio Gonzalez Rodal
    Gabriel Pérez Ferradás
    Alberte De Esteban Gracia
    Manuel Carbia Magariños
    Lina Oubiña
    Breixo Carbia Oubiña
    Xiana Carbia Oubiña
    Alfonso Doval
    Xosé Castro Ratón
    César Roo
    Enrique Lago
    Pepe Álvarez
    Jesús Villaverde
    Angel Cardín
    Juan Vázquez
    Rosalía Brea
    Juan Manuel Romero
    Cándido Meixide
    Cándido Duro Domínguez
    Carlos Rey Cebral
    Xoán Carlos Chillón
    Manuel Boubeta Costas
    Rosa Mollinedo
    Jesús Rey
    Manolo Vázquez
    Lolita Camiño
    Xesús Castro
    Jesús Santos
    Luis Carlos Penide
    Moncho Torrado
    Roberto Ocaña
    Anxo Doval
    Teresa Dorrio
    Loli Dorrio
    Jorge Pesado
    Ángela Pesado
    María Jesús Estévez
    Cristina Oliveira
    Rita Leirós
    Xosé Lois Leirós
    Ignacio Castillo
    Eloy Puga
    Esteban Oubiña
    Antonio Suárez Casabella
    Andrés Torres
    Sebastián Camacho Muñoz
    Juan Piñeiro Bernárdez
    Xaquín Vieites Santos
    Juan Jesús Vázquez Nieto
    Xosé Lois Allo Allo
    Carlos Cimadevila
    Manuel Dopico
    Emilio Crespo
    Alfredo Viviani
    Pepe Fernández
    Luis Silva Pando
    Oscar Pérez
    Ramiro Paz
    Cristian Silva
    Rosa María Amil Martínez
    Doro Piñeiro Alonso
    Raul Alonso Rodríguez
    Isidro Piñeiro Costas
    Enrique Ramilo
    Juan Mendez García
    Manuel Lage
    Antonio Caeiro
    Margarita Teijeiro

    Christian Silva

     

     

     


  • Coarenta anos mais tarde.

    Ahí está o noso Antonio, a imaxen sae das camaras da pelicula de SAN SIMON, en principio a creatividade do Director de Miguel Angel Delgado orientouse de outra maneira, as escenas de todo un dia de rodaxe non se incluiron na pelicula. os extras, non van sair.

    Pero a fotografia nos sirve pra pensar en aquel mozo de vinteseis anos que chegou un dia a San Simon con unha camara prestada pero con unhas  tremendas ganas e sensibilidade pra contar os atropellos que varios centos de seres humanos sufriron en aquela Illa.

     

     


  • OUTRA VEZ PERDIMOS 🙂

    Como decían os Luthiers ao final do seu imno épico, “ya el sol asomaba en el poniente”: perdimos, perdimos,   perdimos otra vez.

    Como xa tíñamos previsto, LOLA, non foi nominada como finalista dos premios Mestre Mateo. Temos moy poucos amigos na Academia Galega do Audiovisual para que nos “voten” unha man e iso son puntos negativos. Pero temos que dalas gracias a quenes si o fixeron, que sabemos que os hai, pero non é este o noso ese premio predilecto.
    Sempre quedaranos o público que vai vendo o documental nos distintos pases que se van realizando. Eles son os que nos premian cos seus aplausos e agarimos, e iso é o que mais conta.
    Pero así como non estaremos presentes con LOLA, si o faremos con SAN SIMÓN, que farao en varias categorías (oito exactamente): como ao mellor intérprete secundario, Tatán Cunha , co mellor actor protagonista, Flako Estévez, mellor vestuario, Uxía Vaello, mellor direción de arte, Inés Rodríguez, mellor producción, Analía Alonso e Aleix Castellón, maquillaxe e perruquería, Sonia García e Silvia Neira, son, Elsa Ferreira, Pedro Gois, Daniel Fernandez e Toni Penidoe MELLOR PELÍCULA!!.
    Non sei si me deixei a alguén, pero non está mal. A competencia é enorme, pero non imposible.
    ÁNIMO MIGUEL!!
    Para os que queiran ver o imno dos Luthiers, aquí volo deixamos para que botedes unhas risas:

  • Convencemento e Compromiso

    A MEMORIA nesta casa e COMPROMISO, a entendemos como tal desde fai unha chea de anos, desde un sentimento democratico non podemos esquencer a os que se lle quitou a vida por defender os ideais da LIBERTAD e da IGUALDAD.

    Non estamos sos no empeño, Aurora Marco, Pepe Alvarez, Eliseo Fernandez, e moitisimos mais.


  • Dario Rivas

    A sua nai morreu cando Dario era moi pequeno. a fotografia, personal, na nosa casa, cando Dario viaxaba a España, un dos dias era para comer na nosa casa, NON queria ir de restaurante, queria comer do que facian as nosas mans, e falar, falar…

    Nos coñecemos no 2006, da man de Santiago Macias, nunca mais deixamos de falar unha vez por seman, no noso corazon para sempre.

     

    DE INFOJUS-NOTICIAS

    Darío Rivas: cómo desenterrar a un padre desaparecido
    Inició la querella que en Argentina investiga crímenes de Lesa Humanidad cometidos por el franquismo e ignorados por la Justicia española. Esta semana, la Diputación de Lugo lo premió por su labor en defensa de los DDHH.

    Darío Rivas (94), el primer querellante en la Argentina contra los crímenes del franquismo, recibió el jueves la Placa de Honor de la provincia de Lugo por su labor “a favor de los derechos humanos” y en “defensa de los represaliados y familiares de las víctimas de la dictadura franquista”. A raíz de la denuncia ante la justicia de Argentina -presentada el 10 de abril de 2010, junto a los familiares de víctimas- la causa empezó a tramitar en el Juzgado Nacional de lo Criminal y lo Correccional a cargo de la jueza María Servini de Cubría.

    Vive en Buenos Aires desde los nueve años. En 2005, junto a un arqueólogo y un grupo de voluntarios de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), encontró los huesos de su padre, fusilado y enterrado clandestinamente en una capilla de Galicia. Esta es la crónica de ese día.

    Camino al reencuentro

    La camioneta de Darío indica el camino. Lessi maneja; al lado, María: son los sobrinos que ayudan en la búsqueda. En el asiento de atrás Darío mira en silencio la tierra donde nació, busca la Iglesia de Santa María de Cortapezas en el ayuntamiento de Portomarín. Los sigue Javier, el arqueólogo; tiene cincuenta y cuatro exhumaciones encima y en la fosa la pasa de puta pena, dice que no termina de acostumbrarse.Cuando el padre despidió a Darío en el puerto de Vigo, en 1929, Alfonso XIII era el rey. España tenía veinticinco millones de habitantes, la mitad analfabetos. Veinte mil personas eran dueñas de la mitad del territorio. Dos millones de campesinos no tenían tierras. Una peseta, medio salario del día, alcanzaba para comprar un kilo de pan.

    El 19 de agosto de 2005 Darío tiene ochenta y cinco años. A los dieciséis, leyó en una carta que su padre había sido fusilado; desde entonces busca sus huesos.

    —Es ahí —dice Lessi.

    Darío se sobresalta. Ve un campanario. Hay autos estacionados junto al camino y mucha gente, ancianos con bastón y chicos que trepan cercos. Es el único que va vestido impecable, para una ceremonia de la que sólo él conoce el significado completo. Traje azul, camisa blanca, corbata gris, pañuelo azul de seda. Del baúl saca una pala. Javier lo acompaña, es el reverso de la ceremonia: camisa rosa desabrochada, remera crema, pulseras, barba, despeinado, vasco por donde se lo mire.

    Se paran delante de la capilla de Cortapezas. En los archivos locales la datan en el siglo VII. La puerta es de madera y está cerrada, la campana en silencio. Hoy no habrá misa, el párroco está ausente. Los recibe la cruz clavada en la piedra del pórtico. Es una iglesia a la buena de dios. Así quedó Severino, el padre fusilado de Darío. Un testigo asegura que en 1936 fue enterrado en una fosa clandestina ahí adentro, en el predio de la iglesia.

     

    Severino: el padre fusilado

    Javier tiene que hallar los huesos, si no todo habrá sido en vano.

    En 1931 asumió el gobierno de España una República democrática, la Segunda, y para dejar atrás la monarquía y el régimen medieval, el Congreso dictó una nueva Constitución. Dispuso la plena igualdad de hombres y mujeres; garantizó los derechos civiles y políticos; reconoció el divorcio, la posibilidad de socialización de la propiedad, y proclamó que el Estado español no tendría religión oficial, sería un Estado laico. Ese mismo año Severino fue electo presidente de la Agrupación Socialista Agraria de Castro do Rei. Cinco años después se convirtió en el primer alcalde socialista.

    —Mi padre practicaba el socialismo del corazón. Yo sé que él cedía tierras y semillas a quien no tenía donde sembrar. Hizo gestiones para conseguir terrenos gratis en el monte y como alcalde cedió parte de la casa para que funcione la escuela.

    De Severino no hay fotografías. Quedan los recuerdos de Darío y los legajos del Estado falangista. En 1936 un alzamiento militar con apoyo de Hitler y Mussolini terminó con la República, dio comienzo a la Guerra Civil y al exterminio clandestino de republicanos. Nazis y fascistas usaron España como sala de ensayo. En el Expediente Procesal labrado en la Prisión de Lugo donde Severino estuvo dos meses ilegalmente detenido, el burócrata lo describió como un hombre de metro sesenta de altura, cara oval, nariz recta, boca regular, barba afeitada y cabello canoso. Estableció que hijo natural de Francisca, de profesión labrador, instruido y viudo.

    Severino no tenía antecedentes penales, pero la Guardia Civil sabía bien quién era él:

    —En una oportunidad llegó el recaudador a la Feria de Castro y aumentó el impuesto. Los campesinos no podían y pidieron la intervención de mi padre. Él se lo fue a ver al recaudador. “No tienen con qué pagar, ¿cómo les vas a aumentar los impuestos?”. Pero el recaudador que tenía categoría de mandón se puso chulo y llamó a la Guardia Civil. Llegaron a caballo de a dos, como era la costumbre, y atropellaron a mi padre. Y bueno, él no se quedó atrás. Bajó a uno y entonces lo procesaron por rebelarse a la autoridad.

    En Castro do Rei recuerdan a Severino. La calle de la Feria lleva su nombre.

    —Está aquí —dice Manuel Salgueiro, el testigo. Es un hombre menudo, tiene ochenta y un años y a los doce pasó una noche velando los cuerpos de dos fusilados. Habían aparecido en la cuneta de un camino de carros, eran dos desconocidos. Uno llevaba puesto un gabán.

    —¿Pegado a la pared? —pregunta Javier, el arqueólogo.

    La mano de Manuel señala un punto preciso.

    —¿En el medio…?

    —Sí.

    Darío mira la tierra. Javier da una palada, se escucha el crujir.

    En las aldeas de Galicia la iglesia es el cementerio y los nichos tienen dueño. Arriba la cruz como estandarte, debajo la leyenda, Propiedad, y después los nombres de la Casa a la que pertenece, Rivadeira, Miño, Seoane.

    —No profundices más —dice Javier—, vamos a seguir abriendo con el pico, ¿vale?

    Con la mano juntan tierra y la vuelcan en baldes examinándola. Javier revisa una vez más, frota los terrones, busca indicios.

    —¿Sabes si lo enterraron en caja?

    —Sí —responde Lessi, pero después duda—. Bueno, creo que en caja de madera.

    —De la caja no vamos a hallar nada. En esta tierra húmeda esa madera se pudrió, la humedad descompone todo.

     

    Javier necesita una prueba material que confirme la historia de Manuel y la tierra no ayuda. Se ve gomosa, húmeda, absorbente. Esto es sábrego, ha dicho: arcilla degradada por la acción del agua.

     

    —¿Sabes si Severino usaba crucifijo?

    —No, no creo… —responde Lessi.

    Lo fusilaron en Monte Barreiro, un paraje rural desolado. Según se lee en la partida de defunción fue en las primeras horas del 29 de octubre de 1936; el mismo día que el Expediente Procesal consigna que fue puesto en libertad.

    Falleció a consecuencia de hemorragia producida por proyectil de arma de fuego. El Folio 26 del Registro Civil de Portomarín lleva la firma del juez, del secretario y de dos testigos. Así termina la historia oficial de Severino. Quién lo mató, por qué, no eran preguntas que un juez de la falange tuviera que responder.

    —Uno estaba máis arriba e outro máis abaixo —dice Manuel Salgueiro—, anduvo unos douscentos metros pero no pudo máis.

    Manuel era un niño la noche que veló a Severino. Pero los recuerdos son frescos, como si la guerra no fuera algo del pasado.

    María lo escucha, está emocionada. Es la secretaria de Darío, la que buscó permisos y peleó con la burocracia.

    —Mi abuelo apareció unos doscientos metros más abajo del lugar donde lo fusilaron. Manuel nos ha contado que lo vio tratando de soltarse el cinturón. Nosotros creemos que era por alguna de las heridas que llevaba, pero él trataba de escapar… El pueblo se movilizó, recogieron a los cadáveres, los cargaron en un carro y los trajeron hasta el cementerio, aquí en la iglesia, pero el párroco no los dejó entrar…

    El hombre del gabán

    En 1994 Darío viajó a Portomarín. Desde 1952 buscaba a su padre y ya no tenía esperanzas. Gallego cabeza caminó por la ciudad, compró regalos, encontró a una mujer con buena memoria.

    —Ella se quedó un poco pensando hasta que me dijo: “Mire, cuando yo era niña mataron a unas personas en Cortapezas. Uno de ellos era muy importante, de la zona de Castro do Rei. Y yo los vi, fuimos con los chicos a curiosear. Era un señor muy elegante, estaba vestido con un gabán”. Andar con un gabán por aquellos años era medio difícil. Era una prenda cara, poco usual, es lo mismo que decir que en la aldea hay un tipo que usa guantes. Pero yo conocía la historia del gabán. Las cartas a mi hermana las escribía yo y por eso recordé que una vez escribí una que acompañaba al gabán que le envió a mi padre. La mujer termina de contarme la historia del fusilado y yo pensé: “Ese es mi padre”.

    Ese día Darío supo que la búsqueda continuaba. Diez años después dio con Manuel Salgueiro.

    —Pero joder, es que no está saliendo nada —dice Javier—, se supone que en esta profundidad tendría que aparecer la pelvis, el fémur…

    La excavación lleva seis horas y no hay resultados. Los voluntarios rasgan la tierra con los dedos, primero la aflojan pasando la palma como si fuera un cepillo y después la vuelcan en el balde, la hacen gotear como si fuera agua. El estado de ánimo no es el de la mañana, del bullicio no ha quedado nada. Fue por eso que el nombre se escuchó con claridad. Alguien gritó:

    —Darío…

    Se acerca a la fosa. Apareció algo, una voluntaria se lo alcanza a Javier. Es muy pequeño, oscuro, con tierra impregnada. Hay un presentimiento.

    —Sí, sí, sí, esto es hueso. Esto es hueso, sí.

    Javier lo frota entre los dedos.

    —Esto puede ser un tiro. Por la forma es el cráneo y esto es un tiro…

    A las seis de la tarde poco queda por excavar. Un diente incisivo, parte de un húmero, de un fémur y del cráneo, nada más. Dice Javier: se lo ha comido la tierra.

    —Llevo una hora dando vueltas en la cabeza para ver cómo se lo voy a explicar. En cierto modo me siento culpable, pero es que esto no da para más…

    Darío continúa sentado junto a la fosa. Javier toma valor y se acerca, se arrodilla a su lado y le habla al oído. Sólo ellos saben qué se dijeron.

    —Aunque sea un solo hueso a mí me alcanza, el valor es que algo de su cuerpo pueda descansar en paz.

    La misión estaba cumplida. En la puerta de la capilla esperaba un auto, un pequeño ataúd de madera clara y un ramo de flores rojas. La comitiva tomó por el camino comarcal en dirección a Lugo, el camino inverso que en 1936 Severino realizó secuestrado.

    El niño de 9 años que recuperó a su padre

    —Es un niño de nueve años que recuperó a su padre —ha dicho María—. Sería bueno también que pagara alguien por este asesinato, pero como yo lo vivo mucho desde el plano sentimental, para mí es más importante que el niño de nueve años recupere a su padre.

    En el cementerio de Castro do Rei la ceremonia se desarrolló en silencio. Darío dejó el ataúd en la bóveda familiar junto a su madre y colocó una lápida: Papá, descansa en paz, te lo pide tu niño mimado. No hubo discursos, sólo unos aplausos contenidos.

    Darío volvió a Buenos Aires y en la casa de Ituzaingó donde vive solo se dio cuenta de que aun tenía una misión.

    —Si perdonar significa olvido, yo no perdono. Yo acuso. Todavía quedan dos mil quinientas fosas sin abrir…

     


  • O tio de Merce prisionero nun zulo.

    Mercedes Gil, sobriña neta de Juan Gil, “O TOPETE”, que formaba parte do grupo que organizou a resistencia nos montes de Vilagarcia, a cabeza principal era Rodrigo Berruete.

    Pola dereita Oralice Silva, Mercedes Gil, Mari Carmen Gonzalez e Angeles Duran.


  • Era como unha voda

    As mesas cheas de amigos


  • Agradecemento a o BAR DO GATO NEGRO

    A toda a plantilla moitisimas gracias, todo marchou perfectamente, ate o seguinte.