Categoría: Os artigos do faiado


  • Artigo de Fernando Salgado

    En colaboracion co FAIADO DA MEMORIA.

    LAS HIJAS DE ADALBERT LAFFONT.

    Cuando los zapatos tenían que durar todo el curso y sólo podían calzarse los domingos y en algunos días muy señalados del año, a Rita Garrido se le fueron los ojos hacia los que calzaba Cuqui. «Eran de un color rojo brillante, de charol. ‘Qué bonitos’, le dije». La reacción de su propietaria fue inmediata: se descalzó para entregárselos a su amiga. Entre sorprendida y agradecida, Rita Garrido le insistió en que se quedase con ellos, pero no logró que cambiase su decisión. Ella se justificó en casa diciendo que le apretaban. «Su madre la puso verde», agrega.

    El escenario fue una calle de O Carril (Vilagarcía), la acción se registró cuando el siglo XX se encontraba en su ecuador, y sus protagonistas tenían entonces entre diez y doce años. Solange, Rocío y Nadine son las tres hermanas de Cuqui, todas mayores que ella e hijas del matrimonio formado por Adalbert Laffon y Gracia Bayo, cuya llegada a Carril, en torno al año 1944, fue un acontecimiento en la pequeña localidad arousana que sigue estando muy presente en la memoria de sus vecinos.

    No puede decirse que sus inicios resultasen fáciles, porque después de haber comprado unos viveros en As Briñas para dedicarlos al cultivo de moluscos, las campanas de la iglesia parroquial comenzaron a sonar en señal de alarma, -recuerda Chito Bóveda, que pertenece a la familia propietaria del Restaurante Loliña y más tarde abrió un establecimiento de hostelería muy cerca, el Casa Bóveda-, que incluso quisieron volcarle su coche, de marca Opel.

    Adalbert Laffon

    «Medía 1,96 metros y nunca se había visto un hombre de semejante estatura por aquí», comenta Sito Persapón. Compró los viveros de Carmen, La Simeona, para dedicarlos a una actividad novedosa entonces: la cría de ostras. Superada la alarma propagada desde el campanario, la inquietud del vecindario dio paso a la curiosidad.
    Los carrilexos comprobaron que además de subirse a un bote para pescar en Sálvora, Ons, O Areoso o San Vicente, del mar también era posible extraer un bivalvo muy cerca de sus casas que tenía una buena acogida en varias ciudades españolas, que entonces quedaban muy lejos.

    Su vivienda se encontraba en una casa de bajo y una planta situada frente a la isla de Cortegada, a unos pasos del mar, que entonces compartía con el Restaurante Loliña, establecimiento por el que pasaron famosos personajes de la aristocracia y la sociedad, que hoy ocupa la totalidad de la edificación.

    «Siempre estaba en el muelle, rodeado de gente y escuchando», recuerda Chito Bóveda. Adalbert Laffon también prestó atención a la sugerencia que le hizo un día un chaval que no tenía diez años, llamado José Luis Rodríguez Otero.

    Además de abrir el camino en el cultivo de ostras, aquel sorprendente francés puso en marcha una fábrica de detergente en la planta baja de su vivienda. Cuenta José Luis Rodríguez, que un día cuando regresaba de la escuela se acercó a la puerta de su casa, y a la pregunta de Laffon de qué quería, le respondió con una propuesta: convertirse en vendedor de su detergente.
    El francés lo citó para el día siguiente, y entonces le entregó dos botellas en una bolsa de papel y le dijo que si las lograba vender en menos de media hora se convertiría en su empleado. «Lo conseguí», afirma. El día siguiente le encontró comprador a cuatro. Poco a poco fue haciéndose con una cartera de clientes, además de poner en marcha la venta a domicilio por los domicilios de O Carril, Guillán, Trabanca-Sardiñeira y Bamio.

    Y cuando ya se había entablado una relación de confianza, le hizo otra propuesta. Sentado en una cafetería, José Luis Rodríguez explica que le planteó a Laffon la posibilidad de utilizar un lema para promocionar la venta del detergente. ‘Ni lejía ni jabón, usen siempre Persapón’. Superada su sorpresa, le respondió: «Sabes que es una buena idea», recuerda que le dijo. Transcurrido más de un mes desde entonces, Adalbert Laffon ordenó imprimir el eslogan en las etiquetas, además de sacar a la calle cientos de impresos con el mismo mensaje, que José Luis Rodríguez se encargó de distribuir puerta a puerta.

     

    Desde entonces lo conocen en Carril como Sito Persapón, después de haber sido Sito Persaponciño. «Las mujeres me llamaban diciendo, ‘ni lejía ni jabón, usen siempre Persapón’», añade. Asegura que fue el encargado del bote de vela en el que llevaba a sus cuatro hijas a pasar las jornadas de domingo a la isla de Cortegada, aunque otras versiones señalan que tal responsabilidad correspondió el todo momento a Juan, El Piquís, que también gobernaba el barco del francés.
    «Guapas no, guapísimas», subraya que eran todas ellas. También dice Sito Persapón que apenas salían de su casa. Y que la relación que mantenían con los vecinos era mínima. Chito Bóveda, Rita Garrido y otra vecina que las conoció, Pili Diz, coinciden con él a la hora de valorar su belleza, pero no comparten esta afirmación. Además de rechazar de plano el recato que les atribuye, Pili Diz recuerda una escena que causó sensación: la que protagonizaron Rocío, Solange, Nadine y Cuqui tirándose al agua desde el malecón, cosa que en aquella España en blanco y negro solo estaba al alcance del personal masculino.

    Y no solo eso, sino que lo hacían vistiendo bañadores de colores vivos, cuando las mozas del lugar tenían que bañarse resguardando las curvas con trajes menos sugerentes. «Eran las únicas que tomaban el sol en el malecón», recuerda Chito Bóveda. Fue tal el impacto que incluso corrió el rumor, sin fundamento alguno, de que para ponerse morenas evitaban el contacto de cualquier prenda de ropa cuando lo hacían en la azotea de su vivienda. «Y fumaban», apostilla.

     

    ‘Arrideverci Roma’ es el título de un disco de 45 revoluciones por minuto, con cuatro canciones, que interpreta Milla Pizzi y figura en la discoteca de Chito Bóveda. «Me lo regaló Nadine», comenta, al igual que otro, de Harry Belafonte, titulado ‘Calypsos’, comprado en una tienda situada en los Campos Elíseos de París. Su casa era una de las pocas de Carril que contaba con un gramó- fono a cuerda, que su padre trajo de Estados Unidos. Un vecino lo logró conectar a un aparato de radio, y era utilizado en los guateques que se celebraban por entonces en la vivienda de los Laffon.

    Se reunían entre 20 y 30 invitados, que acompañaban las ostras, cuyo tamaño duplicaba las que pueden verse actualmente en cualquier plaza de abastos, con vino del Ribeiro y tinto del país. Entonces estaba en boga el baile agarrado «y venían los moscones de todas partes: Vilagarcía, Pontevedra, Santiago». Los hijos de las familias más pudientes del entorno se dejaban ver por Carril para tratar de cortejarlas. Y todos recibieron calabazas. «Estaban muy preparadas y tenían poco nivel para ellas, que eran de otro mundo», justifica Pili Diz.

    Tampoco tuvo éxito el cura en su intento de que se uniesen al rebaño que pastoreaba. Rita Garrido comenta que Nadine lograba sacar de quicio con asiduidad al párroco, y le bastaba con presentarse en el templo, dedicado a Santiago Apóstol, patrón de España, con un escotado vestido de sisas que permitía intuir sus senos o dejaba al descubierto sus morenos hombros de adolescente.

    El ensotanado no permitió el acceso a la casa divina de mujeres en manga corta, y en su campaña contra la exposición ante el público de un solo centímetro de piel desnuda de mujer se encontró con un serio contratiempo: la proliferación de las denominadas medias de cristal o nylon. Pero tampoco se arrugó en su empeño ante esta prueba a la que le había sometido la moda llegada del extranjero. Sintiéndose defensor de los valores morales de la civilización occidental, ordenó a su sacristán que lo sacase de dudas, tarea que cumplía palpando las piernas de las jóvenes a las puertas del templo para comprobar que las llevaban puestas.

    Adalbert Laffon

    Está de más puntualizar que las hijas de Laffon no pasaron por semejante inspección. No fue este el único disgusto que le causó al pastor de almas la extranjería, porque pudo ser en 1955 o 1956 cuando quiso expulsar de la iglesia a una mujer en manga corta. Pudo haber conseguido su propósito, como muchas veces, pero resultó que había viajado desde Estados Unidos, donde vivía, para realizar el papel de madrina en una boda, y después de una agria discusión el sacerdote acabó cediendo y se celebró el sagrado sacramento del matrimonio. La novia no era otra que Pili Diz.

    “Cuando iban hasta Vilagarcía en sus bicicletas de color amarillo, el padre adelante y las tres hijas mayores detrás con sus minishorts, era un espectáculo», expone Chito Bóveda. «Eran unas bellezas», subraya Rita Garrido. «Aprendimos mucho de ellos», dice Pili Diz.

    Antes o después, acabaron sabiendo que la familia procedía de Bretaña (Francia), y que Adalbert Laffon era una persona importante. Lo que no acabó de estar claro es el motivo. Una versión indica que había colaborado con los nazis. La otra, que era un monárquico legitimista. En una nota de sociedad publicada por el periódico ABC en el año 1944 figura como agregado de Prensa de la Embajada francesa. Europa está en guerra y los aliados todavía no habían desembarcado en Normandía.

    «Había tenido algunos escarceos con el Gobierno de Vichy, a resultas de los cuales no podía volver a Francia si no se prestaba a un proceso de depuración», expone Juan Benet en ‘Luis Martín Santos, un Memento’.

    «No solo ingleses y norteamericanos se mostraron disconformes por la propaganda generada en la Península Ibérica, pues el agregado de Prensa de la Francia de Vichy en España, Adalbert Laffon, ya se había quejado, en agosto de 1941, por los comentarios que ‘Arriba’ emitía sobre las cosas francesas», expone Antonio César Moreno Cantano en su tesis doctoral de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares elaborada en 2008.

     

    Y cuando la familia ya se había integrado en la vida diaria de Carril, excepción hecha de los asuntos religiosos, abandonaron la localidad vilagarciana. Comentan, quienes trataron con los Laffon, que años después les devolvieron un castillo que les había sido incautado. Madrid.

    El modo de vida de aquellas muchachas también llamó la atención en Madrid. Narra Fernando Guillermo de Castro, en el Diario de Ibiza, como dos chicos besaban a Rocío en el Café Gijón, de Madrid, riéndose a carcajadas. «Las caras de los intelectuales progresistas reflejaban estupor, escándalo o reproche para una moral burguesa apenas camuflada», escribió en 2011. Uno de ellos era el escritor Luis Martín-Santos, el autor de ‘Tiempo de silencio’, que se convertiría en su marido.

    «En la Iglesia de San Jerónimo el Real se ha celebrado la boda de la señorita Rocío Laffon Bayo con el doctor en medicina D. Luis Martín-Santos Ribera», publicó el ABC el 29 de junio de 1952. El general y subsecretario del Ejército del Aire, Castro Garnica y los marqueses de Valdeiglesias, Santacara y Guijalba actuaron como testigos de la novia, indica.

    La pareja se estableció en San Sebastián, donde once años después ella fallecía a consecuencia de un escape de gas. Uno después era él quien perdía la vida en un accidente de tráfico registrado en Vitoria.

    Juan Benet, que mantuvo una breve relación con Solange, hizo una semblanza de la familia Laffon en su libro ‘Otoño en Madrid hacia 1950’. «A Solange le dedica un canto emocionado. Dice de ella que, sola, merecería un libro de mil páginas», escribe De Castro.

    Corría la mitad de la década de los 60 cuando Chito Bóveda vio a «un caballero con la gabardina sobre el brazo caminando por el muelle viejo, parándose a mirar». Era Adalbert Laffon. «Caminaba en sus recuerdos, volvió al presente y nos saludó antes de marcharse para no volver», recuerda emocionado.
    (Las fotos fueron cedidas por O Faiado da Memoria y reflejan distintas panorámicas de Carril)

    Transcurrido un mes desde la publicación de este reportaje, en el periódico Diario de Pontevedra, su autor recibía una carta, escrita por Puri Montenegro, que figura a continuación.

    Era un señor al que se le veía la clase que tenía, además de ser encantador, alto y guapo, y un gran padre. La madre era andaluza, pequeñita y también un encanto. Las más guapas eran Nadine y Solange. Las otras dos eran monas, pero la belleza de estas era impresionante. Hablaban un castellano con acento andaluz.
    Enseguida nos hicimos amigas porque nosotras estábamos internas en Placeres, aunque mis hermanas y yo vivíamos en Pontevedra, para evitar tener que cruzar la playa en unos inviernos que eran tremendos. Teníamos una amistad tremenda entre todas.
    Llegaron esas niñas y nos chocó porque eran distintas por su aspecto, por su forma de ser, sobre todo Solange y Nadine. Luego supimos que su madre había también estudiado en un colegio del Sagrado Corazón en Andaucía. Vinieron sin nada porque tuvieron quisieron detenerlo y tuvieron que escapar de Francia en la guerra, y nos contaban que huyeron esconditas en trenes. Fue tremendo.
    Él terminó siendo pescador de remo. Era admirable y siempre venía a las visitas, junto con el resto de los padres, que se celebraban los jueves y los domingos. Entonces las mayores tendrían entre 14 y 15 años y eran mucho más modernas que nosotras. Iban con bikini a la playa cuando nuestras madres nos obligaban a poner bañadores con falditas. Los rezos y los rosarios eran interminables. Aquel pudor era exagerado.
    Mantuvimos el contacto por cartas, nos vimos alguna vez, y se que la mayor se casó con un español y que Solange fue medio hippie. Mi padre, que fue médico y boticario, sacó el carnet de aviador civil e iba al Colegio de Placeres a la hora del recreo para echarnos caramelos y botes de leche condensada. “Niñas, sepárense que viene Montenegro”, gritaban entonces las monjas.


  • Adalbert Laffon no Carril

    Reportaje de Olalla Bouza no Diario de Arousa en colaboracion con O Faiado de la Memoria

    Bikinis y ostras. Ese fue el legado que la familia Laffon dejó en Carril, lugar en el que se refugiaron tras huir de la Francia liberada. Adalbert Laffon era un pronazi que creció al amparo del régimen de Vichy y que abandonó su Bretaña natal sobre 1944 refugiándose en los paisajes que miran a la paradisiaca Cortegada.
    Aunque su llegada no fue del todo bien recibida por unos carrilexos que temían una invasión francesa siglo y medio después de Napoleón Bonaparte. Y es que la llegada de Adalbert Laffon con su mujer Gracia y sus cuatro hijas, Solange, Rocío, Nadine y Cuqui, que destacaban por su belleza, no pasó inadvertida en el siempre suspicaz Carril, especialmente cuando comenzó a hacerse con una de sus riquezas más preciadas.
    Poco después de llegar, Adalbert Laffon se hizo con cuatro viveros ubicados en la zona que hoy ocupa el bar Loliña (muy cerca de donde vivía esta familia francesa). La ?operación? mereció incluso que se hiciera sonar la campana, símbolo inequívoco de que las alarmas se habían disparado.
    Finalmente no fue necesaria ninguna guerra de independencia. La compra de Laffon sirvió para introducir en las aguas arousanas un cultivo del que luego vivirían generaciones enteras de carrilexos: La ostra. ?Nos dio la vida?, recuerda Pilar Diz, cuñada de Juan Castromán, que fue contratado por el francés para llevar su barco, al que le puso de nombre como una de sus hijas, Rocío.
    Fueron precisamente las cuatro jóvenes hijas del matrimonio las que causaron una segunda revolución en toda Vilagarcía, aunque esta no fue de tipo económico sino más bien en el ámbito de la moda. Y es que el bikini llegó a la Compostela de la mano de Rocío, Nadine, Solange y Cuqui.
    La belleza de estas cuatro mujeres traspasó las fronteras arousanas. Y es que la familia Laffon no se afincó definitivamente en Carril y las crónicas de la época los sitúan en un paraíso bien distinto, Ibiza, allá por los años sesenta. Así lo cuenta en un diario local el escritor Fernando Guillén de Castro, quien asegura que Solange Laffon (?joven, cenceña, siempre sin maquillaje alguno?) fue el gran amor de uno de los hombres más influyentes de la literatura española del siglo XX, Juan Benet. No fue la única musa de la familia. Rocío Laffon protagonizó una trágica historia de amor con el autor de ?Tiempo de Silencio?, Luis Martín Santos. Se casaron en 1953 y tuvieron cuatro hijos. Una década después, ella moriría en un escape de gas. Al año siguiente, él siguió sus pasos al no lograr superar las graves secuelas que le dejó un accidente de tráfico.


  • Leon XIII escuela y casa para los niños desahuciados

    Xosé María Díaz, Emilio Lois, Ramón Otero, Aquilino Iglesias, Nicolás Jamardo, Celestino Noya é Jesus Garrido.

    Olalla Bouza no Diario de Arousa, en colaboracion co Faiado da Memoria

    Un aula típica del franquismo, con sus pupitres de madera, su crucifijo y el Generalísimo presidiendo. Unos dedos amarillentos por el tabaco posan sobre la mesa de profesor. No se oye ni el ruido de una mosca. Al otro lado, los atentos ojos de unos niños que no saben que décadas después recordarán a la perfección este momento y sobre todo al hombre que tenían en frente, Luis de Saa, uno de los maestros más queridos de la escuela León XIII.
    ?Don Luis de Saa Bravo además de un gran y serio profesor, a mí particularmente me tenía en gran estima. No en vano era el recadero, cosa que se agradecía en aquella época por poder ausentarse durante algún tiempo de la clase aunque él me lo coronometraba diciendo: hoy tardaste cinco minutos más de la cuenta. Repuesta: Es que había mucha gente, don Luis. El recado era, ni más ni menos, ir a buscarle una peseta de pitillos ideales amarillos?, recuerda Ramiro en el blog de O Faiado.
    También Jesús Garrido, el que fue su director durante muchos años y que, por su bondad y generosidad que iban más allá de las horas de aula, siguen en la memoria de los pupilos que hoy convertidos en adultos guardan un cariñoso recuerdos de aquellos profesores que entendían la enseñanza como una vocación.
    Mucho antes de que existiesen modernos manuales de pedagogían y ratios, las aulas de León XIII estaban abarrotadas y aquellos maestros, lejos de estresarse o pedir bajas, luchaban para que muchos de aquellos niños pudiesen seguir estudiando.
    ?Mi padre tenía fama porque en el colegio León XIII podían estudiar los que no tenían dinero, sin pagar un céntimo. A más de uno (incluso desconocidos) lo llevó a vivir a su casa?, relata su hijo Daniel en el blog de O Faiado da Memoria. Por aquel centro también pasaron otros profesores ilustres como Aquilino Iglesias Alvariño, Celestino Noya o Xosé María Díaz de Castro, a quien dedican el próximo año el Día das Letras Galegas
    Jesús Garrido se hizo cargo de la dirección colegiada del centro el siete de marzo de 1939 por un salario de 350 pesetas mensuales y junto a Aquilino Iglesias Alvariño, que cobraría 500 y asumiría las funciones de gestión de personal. Ambos tenían una relación que iba mucho más allá de lo profesional y ambas familias eran muy amigas.
    Hasta tal punto que, y tal y como relata Daniel, una mujer llamó a casa de los Garrido y fue Dolores Ferreirós, Lola, casada con Iglesias Alvariño, la que abrió la puerta. ?Yo soy la madre de un alumno que estudia en el León XIII. Le traigo este cordero. Pero mire, quisiera pedirle un favor: Que no le diga nada a don Aquilino. Es que solo tenemos uno?, le dijo. ?No se preocupe, nunca lo sabrá?, le contestó Lola, que horas más tarde volvería a encontrarse a la salida del cine Fantasio con aquella agradecida señora del cordero, que se quedó de piedra cuando vio al brazo de quién iba agarrada.
    Hola a todos:

    Quisiera aclarar que el hecho de que Carlos Lessner, señor al que por cuestiones temporales no tuve el placer de conocer, aparece cortado en la foto por una simple cuestión técnica. La maqueta del reportaje tiene una foto principal con un corte muy fileteado que me obligaba a cortar uno de los extremos de la fotografía, es decir, o cortar a Carlos Lessner o c#blgtk08#ortar a Jesús Garrido. Por obvias cuestiones de interés informativo me decidí por la primera opción. Que a nadie le quepa duda que ahora que ya tengo información sobre Carlos Lessner, su figura será objeto de otro artículo, pues si hay algo que aprendí desde muy niña es que nadie tiene culpa de los errores de sus antepasados ni de sus descendientes. Un saludo y a vivir, que son dos días
    Comentario por Olalla (11-08-2013 17:15)
    Siempre leo la Crónica Dominical que nos escribe OLALLA BOUZA, sobre unos tiempos que yo no deseo recordar… El artículo lo escribió para el Diario de Arousa, como todos los fines de semana.

    En este artículo que lo borda nuestra periodista OLALLA, hay dos anécdotas que parecen escritas para que yo ponga ahí mi granito de arena. Seguro que a ella no se le ocurrió nada, porque no vivió ésos tiempos tan agudos…

    En ése artículo se cita “el tabaco para Don Aquilino”. No tendría nada de particular si el chico-recadero fuera a comprar el tabaco requerido, a un estanco. El pedido era comprar “una peseta de pitillos de papel amarillo, marca Ideales” y esto indica que el bolsillo del Profe, no andaba muy boyante de dinero… Estaba muy claro.

    Siendo yo un crío de más de doce años, compraba en el Bar “El Bodegón”, por la parte de Ambrosio Bobo), entrada muy poco conocida, el tabaco para mi consumo. La señora que llevaba este negocio, era tía de los Pego, de la Calle del Mercado. Era un modo de hacer estraperlo, con cuatro calderillas. Ella tenía escondido el tabaco por si había una Inspección de la Fiscalía de Tasas. El tabaco estaba metido entre las potas de la cocina. Te vendía lo que querías: 2-4-6… pitillos, como si nada. Cualquier marca. Rubio o moreno.
    Aquéllo era como hoy en #blgtk08#El Corte Inglés. Había de todo tipo de tabaco.
    En el Bar, había un loro que hablaba y decía palabrotas. Había un cliente que se paraba siempre con él. Se llamaba en vida, Antonio González (O da Celta). Era como el domador Angel Cristo. En El Bodegón había un loro y en el Bar Miño, había otro muy parecido. Lo mismo.

    Ahora me voy a referir al obsequio que recibió la señora de D. Aquilino Iglesia Alvariño, que consistió en un cordero, al que sólo le faltaba el adobo para meterlo en la pota. Cuando esta buena señora puso en sus manos el corderillo en cuestión, miraría al Cielo, para agradecer aquélla ofrenda de parte de la madre de un alumno del Colegio León XIII. Todos sabemos que por aquélla época no eran muy frecuentes estas acciones tan bondadosas por parte de los padres de ciertos alumnos. Na casa dun maestro non se chegaba moi lexos, cos sueldos que había. Por eso hubo xente que non aceptóu aquela frase que decía: “Pasas máis fame que un mestre de escola”…

    Houbo quén o dicía como un insulto, e eso non debe ser así. Hai que respetar a ésos homes, que os nosos fillos dependen deles.Xente moi boa toda ela.
    Comentario por E. García – Santiago (12-08-2013 19:01)
    Complementando a Eduardo y aunque este no és el lugar idóneo, diré que el Bodegón tenia una entrada entre Bobo y la Lecheria de Laiño. Daba a un patio y despues estaba la puerta de entrada.
    La señora se llamaba Luisa y era pariente Peté por parte de padre. A mí siempre me quiso mucho.
    Tenia la cocina a la derecha y un pequeño comedor a la izquierda. Despues de la cocina, los barrilles y una barra enorme que daba a la Baldosa.
    Recuerdo que ponian un tablero con los resultados de futbol los domingos.
    El empleado de Luisa se llamaba Manolo y fué el que cojió despues el Bar Miño por lo que no descarto que el loro fuese el mismo.
    Lo tenia enseñado con una frase que decia “paga y no j….? y la repetia continuamente por lo que si a alguno se le ocurria marchar sin pagar siempre lo cazaba y se le subian los colores. Gran mujer e incansable trabajadora Luisa la Pega. Un recuerdo para ella.
    Comentario por Cándido (12-08-2013 23:31)
    Agradezco al amigo Cándido sus pinceladas aclaratorias a mi escrito. Se dió la circunstancia que no fui capaz de recordar por un momento, el nombre de la señora Luisa, la del Bodegón. Mi mujer se llama así…

    Esta señora era madrina de un chico algo mayor que la esposa de Farruco. Eran cuatro hermanos. Daniel, Lolo, José y la chica, que no recuerdo ahora su nombre.

    Pero la señora Luisa tenía chochera por el amigo José, llamado entre los de la pandilla “Cachula”. Era un gran rapaz. Sin despreciar a ninguno de su casa. Yo cambiaba los chistes aquéllos de Roberto Alcázar, el Jabato, La Pandilla de los Siete, etc. Y este era un motivo para que yo frecuentara su casa para el intercambio de los mismos o el préstamo.
    Su padre era camionero de la Huevera.
    Lolo con Simeón, Daniel en Hostelería y la chica, muy guapa ella era novia de Farruco. Todo estaba tal como lo pongo. La madre de ellos era un fenómeno de mujer y de madre.

    El amigo “Cachula” iba todos los domingos hasta El Bodegón, donde estaba su tía-madrina, llamada Luisa. Allí el amigo recogía su paga dominical que muy cariñosamente le daba su tía. Y si de paso había por la cocina algún paquete de tabaco interesante, ya teníamos “vicio” para todo el día.

    Estamos hablando de chicos muy jóvenes. Quizá 13-14 años… Pero sin ésa malicia que vemos por estas fechas. El amigo compartía su botín tabaquero con todos nosotros y nuestro cuartel general estaba allá lejos, en el Muelle de Hierro. #blgtk08#Refiriéndome a “Cachula” te diré, amigo Cándido, que hace muchos, pero muchos años, que no sé nada de él. Supe que fue a navegar en barcos wikingos de Noruega. Después de ésa información ya no hubo otra… Espero que este silencio no sea por ésas cosas que muy frecuentemente vemos al abrir el FAIADO. Yo tuve fotos con él pero quedaron en casa de mi padre cuando dejé ésa tierra. Donde hay una madrastra, sobra todo lo bueno…

    También yo recuerdo a una señora que despachaba la leche entre El Bodegón y el Comercio de Bobo. Esta señora, creo que le llamaban La Sisana, porque quizá fuera de Sisán. Y un día me llevaron junto a ella, una mujer que llevaba sus cien kilos con ella, pero además tenía dotes de menciñeira. Yo había dislocado un tendón en una mano, jugando al fútbol y mi padre me llevó allí, porque alguien le dijo que dominaba muy bien ésa técnica y…¡Dios nos colla confesados!

    A miña man saléu de alí máis escarallada do que estaba. ¡Las pasé moradas con ésa mujer! Tenía mucho dolor y el accidente había sido mucho tiempo antes. Quizá dos meses y… ¿Qué queres que che diga eu? Non quedéi sin a man, porque Deus non o quixo así.

    El detalle del loro, no lo sabía. Porque es posible que en vez de dos, fuera únicamente uno. Lo ignoro. Todo aclarado, os deseo lo mejor a los dos.
    Comentario por E. García – Santiago (13-08-2013 21:23)
    El loro q estaba en el bodegon se llamaba tito y cuando mi tia cerro el bodegon se lo llevo un cliente del bodegon para madrid.
    Y los sobrinos de Luisa por parte de su hermano Daniel eran cinco Carmen (vda de Saavedra) Daniel(+) Manolo (+)Cachulas y Sisa(vda de farruco fernandez)
    Comentario por kaly fernandez pego (14-08-2013 23:51)

     


  • VIÚVAS DE MORTOS

    A nosa amiga e colaboradora de O Faiado da Memoria, Patricia Arias Chachero, estaba invitada ao roteiro que O Faiado e a Iniciativa Cidadá pola Memoria Histórica de Vilagarcía ó roteiro pola Illa de San Simón o pasado 7 de setembro. Circunstancias personais non lle permitiu no último momento poder acercarse e decide volcar no Sermos o que nos ía a contar na illa, historias de mulleres que formaban parte das familias dos asasiñados pola turba fascista/falanxista que se levantou en armas contra o goberno legal o 18 de xullo de 1936,

    Leelo é mais interesante que seguir escribindo isto.


  • Escomenzan as festas. Pregon de Gustavo Andujar Negro

    Gustavo Andujar e fillo de Laura Negro, de Cea é Jorge Andujar, o seu abó, Juan Andujar, era do barrio do Ramal,enfrente da escola Concepcion Arenal. A bisaboa, Nieves Lorenzo tia das irmans Lorenzo, Mercedes e irmans que vivian en Vista Alegre na Casa Deza.

    Añadimos pola nosa parte a fotografia da voda dos pais de Gustavo, ala polos anos setenta.

    Gustavo Andujar Negro dou hoxe o pregon, colocamos a cronica de Olalla Bouza sobre o evento no DIARIO DE AROUSA.

    A fotografia e de Gonzalo Salgado

    Boas festas

    Inteligencia Emocional para el pregón de un San Roque que siempre triunfa: Vilagarcía ya está en fiestas.

    OLALLA BOUZA 14 DE AGOSTO DE 2025, 20:09
    San Roque se marcó un triple desde el Balcón de Ravella, en un inicio de fiestas en el que el deporte, y sobre todo el baloncesto, fue el protagonista. De ello se encargó Gustavo Andújar Negro, en un discurso traducido a la lengua de signos y en el que tuvo numerosas alusiones a su pasión deportiva, desde que era un niño hasta hoy. “Esas partidas de pocha en el bus, esos partidos de NBA grabados del Plus, ese Lakers-Sacramento… ¡Menudo partidazo fue ese!”, recordó un adolescente Gus, asomado de repente al balcón, y que dio paso enseguida al Andújar adulto, con una reflexión sobre los nuevos tiempos.
    “Ahora no somos hermanos, como hace años, ahora somos bro’s, pero seguimos siendo uno. Ahora no se graba del Plus, se ve en streming”, aseguró, para añadir que, por mucho que cambien la sociedad, el deporte debe mantener los valores “innegociables” del esfuerzo, el sacrificio y el compromiso. “Estos valores también definieron la vida y obra de nuestro querido San Roque… ¡Será casualidad!”, apuntó ante un público cómplice, que siguió atento el pregón. Andújar hizo un repaso por su carrera en varios de los clubs y especialmente al CLB, a quien dedicó el pregón junto a sus familiares. Destacó también el buen momento del deporte en la ciudad. “Vilagarcía vuelve a respirar baloncesto” dijo para añadir emocionado: “¡Estamos de moda!”.
    Procesión y empanada
    El pregonero invitó a todos los presentes a vivir y disfrutar cada momento y especialmente las fiestas. “Acompañemos bailando el pasodoble ‘Triunfo’ a San Roque, porque San Roque siempre triunfa”, dijo para, a continuación, dirigirse al mismísimo patrón. “Agarra al perro y ¡calienta, que sales!”. Con el pregón y la ofrenda, que está en marcha, empiezan unas celebraciones que llenarán de música, diversión, espectáculos, magia y muchas risas las calles de Vilagarcía. Para la jornada de mañana, llega otro de los grandes momentos para el patrón, con la procesión de San Roquiño en el barrio del mismo nombre. Será a partir de las 11 del mediodía y tras los pasacalles, la misa y la procesión habrá reparto de empanada. Ya por la noche, Introcover actuará en la Praza de Galicia y los Festicultores por el centro urbano.


  • Solo una pandemia mundial podía frenar la historia de Lola

    O Faiado da Memoria ofrece una premier del documental sobre una familia especialmente castigada por la represión franquista
    Lucía Romero en FARO DE VIGO-AROUSA

    Vilagarcía07 AGO 2025 6:00
    Noventa años han tenido que pasar para que el mundo conozca a Lola Rodal. Una vida similar a la de otras víctimas de la represión franquista y el tiempo suficiente para que el mundo viviera una nueva pandemia. Esta, la del covid, retrasó los planes del colectivo O Faiado da Memoria para que la historia de esta canguesa viera la luz, convencido de que todas son importantes, pero algunas, como la suya, suponen de esos testimonios desgarradores que hacen mella en el corazón, suscitando algo importante: recordar para no repetir los mismos errores.

    Ya se sabe, dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y el supuesto pecado de sus padres fue «tener ideas anarquistas», explica Antonio Caeiro, miembro de la asociación y director del documental sobre las fatalidades que sufrió Rodal y sus familiares más cercanos tras el alzamiento militar.

    Se llama directamente «Lola» porque fue ella quien no quiso olvidar y le contó todo tras horas de entrevista. Fue hace bastantes años, después de conocerla por otros compañeros del movimiento de recuperación de la memoria histórica y a raíz de otra odisea de su vida: la búsqueda de los restos de su hermano, que fue asesinado en Ponteareas cuando escasamente había alcanzado la mayoría de edad.

    Explica Caeiro que el documental estaba muy avanzado, pero en 2020 llegaron la confinamientos. «El problema es que está concebido como una «road movie», recorriendo los lugares y espacios por donde transitaron ella sus parientes y no había posibilidad de desplazarse. Además, estaban todas las medidas a adoptar, así que tampoco se podían hacer las cosas tranquilamente», detalla.
    No solo eso, también querían contar con imágenes de las cárceles donde estuvieron sus padres –Navarra y Gipuzkoa– y eso ya suponía una infraestructura mayor. El caso es que todo el resultado se podrá ver el viernes 28, a las 20.00 horas, en el auditorio Xosé Manuel Pazos, de Cangas, como parte de un homenaje a los represaliados en general y especialmente a los asesinados en Angueiro; un episodio que marcó fuertemente a esta villa, que vive cerca de otro escenario del mal recuerdo, convertido hoy en símbolo, la Illa de San Simón, donde también estuvo el padre de Lola y otros familiares cuyas historias también recogió Caeiro en «Aislados».

    En «Lola» vuelve a transitarlos con la voz en narrativa de esta mujer, ya fallecida; de aquella niña de 15 años que, de repente, se vio desprovista de protección paternal y que se quedó sola con su hermana más pequeña. «Prácticamente vivían de pedir y aún fueron capaces de salir adelante y de alimentar a sus padres encarcelados, teniendo que vivir situaciones como cuando enviaban los paquetes en Correos donde les llegaron a decir que no llegaban a su destino».

     


  • AMPLIACION da nosa historia

    OLALLA BOUZA 17 DE JUNIO DE 2025, DIARIO DE AROUSA
    Nuevos hallazgos en el Castro de Alobre de Vilagarcía: incrementa sus dimensiones hacia el sur y registra indicios de ocupación medieval

    El Castro de Alobre se está revelando como un tesoro lleno de sorpresas. Si hace unos meses, durante la excavación de A Citania, sus dimensiones se incrementaban exponencialmente hacia la zona más próxima a la carretera, con el descubrimiento de la antigua puerta marítima, ahora es el área sur la que reivindica su importancia. En ella halló el CSIC restos que permiten aumentar el espacio del yacimiento que dio origen a Vilagarcía, pero también prolongar su ocupación, con indicios de asentamiento en la Edad Media.

     

    Los investigadores darán a conocer los resultados de este estudio el jueves, en la sala de conferencias del Auditorio, a las 19:30 horas. Los expertos estuvieron trabajando durante el pasado invierno, en el marco del convenio de encomienda de la gestión para realizar excavaciones, prospecciones y trabajos en yacimientos de la provincia de Pontevedra. Contó con la colaboración de la Diputación y del Concello de Vilagarcía, que fue el que realizó el proyecto al programa del CSIC.

     

    Técnicas no invasivas
    Los expertos utilizaron técnicas no invasivas, es decir, que no incluyeron excavaciones ni afección material a los restos. Emplearon el sensor LiDAR, fotogrametría desde dron e incluso prospecciones geofísicas. Durante los trabajos, se pudo ver la finca dividida en parcelas pequeñas, para una mayor precisión. Encontraron nuevas estructuras defensifivas en la mayor parte del suelo sur del castro, así como otras piedras probablemente del periodo romano.

     

     

    Los hallazgos se suman a la ampliación del área ya excavada realizada por la Diputación, con la posterior musealización; a la necrópolis hallada en el área oeste por A Citania, que también descubrió la puerta marítima y la fábrica de salazón, lo que dan muestra de un importante yacimiento, tanto por sus dimensiones como por su actividad, vinculada al mar, y su ocupación prolongada, ahora con indicios de población medieval.

     

    “As prospeccións indican que estamos ante un espazo de valor moi relevante, non só relacionado co castro de Alobre, senón tamén cun poboamento posterior. De feito, non desbotamos que algúns dos restos atopados se correspondan coa cronoloxía antiga ou mesmo medieval”, explican los especialistas.


  • O Faiado impulsa el recuerdo de los últimos habitantes de Cortegada

    La capilla alberga la exposición sobre los pobladores de la isla y el Parque Nacional aspira a consolidar las casas

    Habitantes de la isla de Cortegada, en una fotografía icónica sobre la historia humana de la isla. / CEDIDA POR O FAIADO DA MEMORIA

    Anxo Martínez periodista de FARO DE VIGO AROUSA

    Vilagarcía08 JUN 2025
    Cortegada es, para la mayoría de las personas que la visitan, una joya paisajística y medioambiental, un oasis de belleza y paz. Pero para muchos otros, esta isla es algo más que eso: es el recuerdo de un hogar arrebatado, de una herida mal curada… En la memoria de esas personas, se conservan además imágenes e historias de una Cortegada que ya no existe y que muchos hoy ni siquiera imaginarían. Porque hubo un tiempo en el que en la isla no todo era bosque, sino que había grandes fincas de maíz, patatas y cebollas; las «bucetas» permanecían amarradas en la playa; y los niños correteaban entre las casas o se asomaban a la isla de Malveiras para ver salir del agua al «urco», un extraño animal marino semejante a un cerdo con el que los padres asustaban a sus hijos para que estos no se acercasen demasiado al agua mientras ellos trabajaban.

    En 2016, O Faiado da Memoria grabó un documental con los testimonios de varios descendientes de los antiguos pobladores de la isla, «Ecos de Cortegada», y realizó una exposición fotográfica sobre aquellas gentes. La muestra permaneció un mes en el salón de plenos de Vilagarcía, y después inició un largo periplo de la mano del Parque Nacional das Illas Atlánticas, que la tuvo en su sede de Vigo y la llevó a las Cíes, a Ons, a Gijón o Segovia… Desde hace unos días está de vuelta en casa, en la capilla de Nosa Señora dos Milagres.

    Vista general de la aldea, en la que había una veintena de casas.
    Vista general de la aldea, en la que había una veintena de casas. / CEDIDA O FAIADO DA MEMORIA

    Margarita Teijeiro, de O Faiado da Memoria, y nieta de «Pepa Ramos», que nació y vivió en Cortegada, considera que Vilagarcía tiene una deuda pendiente con los pobladores de la isla carrilexa, que abandonaron sus hogares a disgusto entre 1907 y 1908. Muchos de ellos -si no todos- querían quedarse, pero unos años antes una comisión integrada por las fuerzas vivas del momento había concebido la idea de regalar la isla al rey Alfonso XIII, para que construyese en ella su residencia de verano.
    Vieja postal del embarcadero, con las “bucetas” amarradas a tierra. / CEDIDA POR O FAIADO DA MEMORIA
    La prensa y la mayor parte de la sociedad vilagarciana, cegados por las promesas de riqueza y progreso que, según la comisión, acarrearía la construcción de la residencia real en Cortegada, insistieron hasta la saciedad a los aldeanos para que vendiesen sus propiedades y dejasen libre la isla. Viéndose solos, rendidos, terminaron cediendo. «Con la gente de Cortegada se cometió una injusticia terrible… Lo que más siento es lo desvalidos que se vieron. A esa gente la echaron de sus casas para regalarle la isla al rey», afirma Margarita Teijeiro.

    Los extensos y ricos campos de Cortegada.
    Los extensos y ricos campos de Cortegada. / CEDIDA POR O FAIADO DA MEMORIA
    O Faiado da Memoria, con la colaboración de la empresa Corticata, organizó hace una semana un viaje a la isla, en el que participaron casi 200 personas. La asociación pretendía de este modo mostrar a sus amigos y colaboradores su exposición sobre la historia humana de Cortegada, al tiempo que veían también restaurada la capilla y aprovechaban para dar un paseo guiado. El acto sirvió también para que Margarita Teijeiro y Antonio Caeiro abordasen en persona con el director del Parque Nacional das Illas Atlánticas, José Antonio Fernández Bouzas, su deseo de honrar la biografía humana y social de la isla .
    Bouzas les adelantó que la exposición ya se quedará en Cortegada, si bien en un nuevo formato e insertada en una muestra más amplia sobre la isla, en la que también se aborden los aspectos medioambientales. También se habló de colocar una placa conmemorativa con los nombres de los aldeanos, si bien el Parque Nacional es partidario de actuar como en Sálvora, donde se instalaron pequeños letreros en cada una de las casas, en los que se identifica a las familias que residieron en cada una de ellas. Bouzas confirmó también que se está haciendo un ensayo sobre la consolidación de los muros de las casas de la aldea mediante técnicas constructivas tradicionales, con vistas a una futura obra para asegurar las ruinas y permitir visitas a la aldea.

     

     

     

     


  • Aquellos maravillosos años de la década del 60

    Marita Gómez, en primer plano, ensaya alguna de las canciones. / IÑAKI ABELLA

    M Carmen Gonzalez FARO DE VIGO.

    03 DIC 2009

    Los vilagarcianos reviven en el escenario los grupos, solistas y dúos que en aquella época marcaron el ritmo en la ciudad

    Desde que se puso en marcha la iniciativa de O Faiado da Memoria en colaboración con el Concello de Vilagarcía para la puesta en escena del espectáculo “Coa axuda dos meus amigos”, que trata de revivir la música de los años 60 en la zona, el entusiasmo sigue creciendo entre los jóvenes músicos de hace cuatro décadas. Los ensayos se han convertido en verdaderos reencuentros de amigos que recuerdan numerosas anécdotas. Todos están eufóricos y preparados para darlo todo en el escenario del Auditorio esta noche.

     

    Grupos musicales, solistas y dúos, todos ellos con sello local, van a hacer recordar a sus convecinos los temas que bailaron y escucharon hace cuarenta años, y de paso mostrar la música que hacían en su juventud a hijos y a nietos. Los temas de Adamo, Miguel Ríos, Les Surfs,… vuelven a cobrar actualidad con este espectáculo que ha creado gran expectación entre los vilagarcianos; tanta que la organización ha colgado el cartel “entradas agotadas”.

     

    Uno de los grupos que participa es “X más ocho” formado íntegramente por mujeres; todo un hito en los años 60. El grupo surgió por iniciativa de chicas de 13 y 14 años alumnas del colegio San Francisco muy aficionadas a la música, que cantaban acompañadas por un músico, hasta que una de ellas aprendió a tocar la guitarra. Una de las fundadoras del grupo, Pilar Garrido, recuerda: “Participábamos en festivales en el salón parroquial, en el teatro Cervantes y cantábamos las canciones de moda de aquella época. No teníamos las ventajas que hay ahora, por lo que para conocer las novedades musicales esperábamos la presencia de algún grupo que venía a la ciudad o juntábamos las cinco pesetas que se llevaba la máquina comediscos que había en una cafetería”.

     

     

    Las ocho chicas del grupo de los 60 (que en realidad fueron diez porque algunas tuvieron que ser reemplazadas) no han vuelto a reunirse para actuar desde aquellos maravillosos años, pero se unieron otra vez gracias a la iniciativa de O Faiado da Memoria. En su plantel están vilagarcianas muy conocidas como las hermanas Pilar y Lourdes Garrido Castromán, Ángeles Landeira, Victoria Hierro Lorenzo, Esther Blanco, Asunción “Susi” Núñez, Juana María Martínez (que se casó con un miembro del grupo Los Strykkers), María José Paz, Marisa Herráns y Rosa Gavieira.

     

    Las chicas de los 60 ensayan con gran entusiasmo para la actuación de esta noche. Actuarán solas y junto con Los Strykkers, con los que hace décadas compartieron canciones y conciertos, dado que mientras ellos actuaban ellas hacían de gogós.

     

    Pero la historia de estos dos grupos musicales es sólo una parte del espectáculo, en el que se reúnen esta noche numerosos músicos y cantantes. Algunos de ellos llegan de Madrid y de Brasil para participar en el evento. De la capital española procede Manuel Antón; un músico vilagarciano de la década de los 60 que se estableció en la gran ciudad y que se enteró a través de internet de la iniciativa. No lo dudó, y desde entonces viene a ensayar a Vilagarcía todos los fines de semana viajando en coche desde Madrid. El reencuentro con los viejos amigos vale la pena.

     

    José Manuel Casalderrey se estableció en Brasil, pero fue famoso a nivel local en los 60 por haber inventado la “guitarmónica”, ya que tocaba los dos instrumentos juntos. Hoy vuelve a actuar en Vilagarcía aunque sólo tocando la armónica.


  • ‘Reisiño’, o galego que viviu a represión franquista no paraíso infernal de San Simón

    ‘Reisiño’, o galego que viviu a represión franquista no paraíso infernal de San Simón

    Ata 6.000 persoas padeceron as represalias dos falanxistas na illa de San Simón, onde sufriron a fame, a miseria e, en moitos casos, a morte

    Fotograma de Alfredo Bautista Alconero, alias ‘Reisiño’, no documental Aillados.

    gCIENCIA

    Redactor RUBEN BEIRÓ

    Reisiño subía ao camión. Era un traslado. Segundo chegou ao seu destino, pensou que, quizais, sería un lugar mellor. Había máis espazo, tiñan baños, e había patios que daban ao exterior. A beleza dalgunhas zonas daba unha falsa sensación de seguridade. Algúns, considerárono un paraíso terreal. Pronto se darían conta de que era un paraíso infernal.

    A illa de San Simón foi, entre 1936 e 1943, un símbolo da represión franquista en Galicia. Alfredo Bautista Alconero, coñecido como Reisiño, foi unha das persoas que, xunto a outros 6.000, pasou por ese cárcere onde encerraron e asasinaron a opositores e outras figuras vistas como un perigo ou un inimigo polos sublevados. A el e a todos os que pasaron por ese terror dedicóuselles o pasado martes unha conmemoración no festival de Cans. A historia de Reisiño, xunto con outras vítimas da represión, dan voz ao documental Aillados, realizado en 2001 e proxectado no festival. Non é a única peza creada sobre estas historias: a TVG tamén ten unha webserie chamada San Simón, colonia penitenciaria, que fala sobre este tema. Agora, cobra máis importancia ca nunca coa creación, ademais, dunha película de ficción co mesmo nome que a illa (San Simón) que se estreará en outono.

     

    Un traslado confuso
    Todas as historias das persoas que pasan por esta illa son difíciles, duras. Reisiño formaba parte das Xuventudes Comunistas. O mozo de Ponteareas marchou, xunto co seu irmán, cara a Pontevedra no comezo da Guerra Civil. O seu intento fracasou moi rápido. Un grupo de gardas civís deulles o alto. Foron acusados de pistoleiros de acción, de mala conduta e antecedentes e intento de asalto ao cuartel da Garda Civil. Tamén foron acusados de cobrar un soldo por Moscova. A vítima do franquismo ría, máis de 40 anos despois, durante unha entrevista, destas acusacións dos falanxistas. Os dous irmáns foron detidos e, despois de que lle lesen a súa condena, eles e as súas familias choraron. A pena imposta, 30 anos, era moi dura, si, pero non era unha condena de morte. Choraban, claro, pero non de tristeza. Facíano de ledicia.

    O percorrido que viviu Reisiño no seu traslado foi confuso para el. Ao igual que outros, ao chegar viron un espazo amplo, cun edificio de grandes ventás e con vistas a toda a ría. Porén, o paso das semanas enchería ese edificio, chegando a estar varios centos de detidos ao mesmo tempo. Heriberto R. Bermejo, represaliado polo franquismo, recordaba no documental como ata 80 persoas podían estar nunha mesma sala. Colocábanse en tres ringleiras, amoreados de tal forma que a fila do medio quedaba entre os pés do resto. “Cando había que saír ao servizo, ás veces pisabamos pedras e ás veces pisabamos cabezas”, dicía Bermejo. Ao principio, dispoñían de baños. Ao final, tiñan que facer as súas necesidades en caldeiros.

     

    O medo de ser fusilado
    O seu maior temor, segundo Antonio Caeiro, director do documental Aillados, era xustamente o que podía pasar cando saían de alí. Moitos deles eran fusilados nos chamados ‘paseos’. Reisiño retrataba o que podía a través dos seus debuxos. A vítima do franquismo tamén creu que ía ser fusilado cando, un día, viu unha luz acenderse de golpe. Pensaban que sería a furgoneta que ía levalos, pero só era un garda. O medo era constante.

    Durante a súa estancia alí, Reisiño puido ver a moitos desaparecer. Co tempo, aprenderon a identificar algúns dos signos que indicaban que o individuo que marchaba non volvería. Por exemplo, se era a garda de asalto —e non os falanxistas ou a Garda Civil os que os levaban—, probablemente era para algún procedemento xudicial, polo que non tiñan por que ser fusilados. Si era un signo de que a persoa podería ser asasinada se non levaba as cousas con el, xa que para os traslados tiñan que levar as súas poucas pertenzas.

    Co paso do tempo, a situación volveuse moi insalubre, con enfermidades diversas e con outros problemas, como os piollos. A fin da guerra provocou a chegada de 300 ou 400 persoas maiores, doutras partes de España. Isto empeorou a situación de insalubridade que xa había e que, segundo contaba Reisiño, desatou problemas como a aparición de piollos. As condicións meteorolóxicas tampouco axudaban: a humidade e o vento era algo moi prexudicial para os encarcerados.

    Medio millar de mortos polas condicións internas
    O problema máis grande foi a falta de comida. A escaseza foi unha constante durante todo o seu paso por este cárcere, onde primaba a corrupción. Pero isto agravouse moito coa chegada da xente maior. Estes saían canto antes para poder recibir a comida os primeiros. Un día, segundo contaba o ponteareán, un garda comezou a pegarlles patadas aos vellos xusto despois de recoller a comida. Estes disputaban o almorzo no chan. Moitos, para sobrevivir, comezaron a inxerir ratos e calquera cousa que atopasen que viña da costa. Isto provocou moitos envelenamentos e moitos falecidos. “A falta de rexistros, unhas 500 persoas morreron polo problema climatolóxico e o alimenticio”, comentaba Caeiro.

    A excesiva cantidade de presos no lugar derivou, en moitas ocasións, en fusilamentos. Era especialmente preocupante a situación daquelas persoas que aínda non foran procesadas, segundo comenta Caeiro, xa que tiñan aínda menos garantías. Se non aparecían nos rexistros, a súa morte non chamaría a atención.

    Reisiño tivo un pouco máis de sorte ca outros. Ante esas sobrepoboacións, as autoridades decidiron revisar moitos casos para rebaixar as condenas. El foi un dos beneficiados. En 1940, apenas un ano despois de rematar a guerra, foi posto en liberdade condicional. San Simón sería un dos recordos máis duros para miles de persoas. Un lugar precioso contaminado pola cruel represión daqueles que se levantaron contra a república. Agora, a súa función principal é de real importancia: que a súa historia xamais sexa esquecida.