Categoría: Os artigos do faiado


  • ESTAMOS na FERIA DO LIBRO

    Na fotografia Antonio con varios amigos, Vera, Oubiña e Mon Gomez, minutos antes das conversas a o solpor donde xa comentabamos onte, o poeta de Getafe, Mario Obrero,(na imaxen, Mario é o terceiro pola dereita)  nomeou varias veces o traballo que facemos O Faiado da Memoria, repetimos esto porqué boa falta nos fai as veces o agasallo, o mimo. E o noso un traballo diario, que non cobramos, porqué nadie paga, os politicos, as administracions estan a o de eles, é decir a vivir dos cartos que xeneramos os cidadans, eles si cobran e viven estupendamente.

    Por certo, falando da clase politica, nin os do goberno municipal, nin os da oposicion pasaron polas casetas a saudar e poñerse a disposicion da xente da cultura.

    Algun cidadan, que a o longo do ano conta que sigue o Faiado da Memoria porque lle encanta, pasa por diante da nosa caseta, faise o despistado e mira para outro lado….

    Logo chega Milagros e di aquelo de…¿Como podo axudar a o Faiado? ¡Quero facerme socia¡

    Nosoutros, estamos na FERIA DO LIBRO, donde vendemos o noso traballo, parado, gardado na nosa sede, estamos ali para fomentar a nosa vida de asociacion de organizacion, como outros compañeiros con caseta que teñen tras eles un mundo de cultura as veces en soledad, como nosoutros. Pero sabedes que se come cada dia do ano, temos gastos cada dia do ano, a cultura é un mundo moi bonito e gratificante pero moi duro de levar no diario,  cada dia, cada hora, menos mal que de vez en cando chega un rapaz de vintedous anos, que ainda que sea moi novo debe saber un monton de ingratitudes dos idiotas. Mario un home moi culto, metido nun mundo hermoso como a poesia, ingrato é minoritario, nos unimos para sempre a sua figura, agradecemos profundamente que nos axude a visualizar a figura de Josefa Gonzalez Barreiro, asesinada por ser de esquerdas, como miles e miles co mesmo delito e patoloxia.

    Pero prometemos mercar a ultima obra de Mario Garcia, de Mario Obrero, porqué este artista das letras tamen come, se alimenta, viaxa en bus a diario.


  • As francesas, fillas de ADALBERT LAFFONT

    Artigo de Fernando Salgado

    En colaboracion co FAIADO DA MEMORIA.

    LAS HIJAS DE ADALBERT LAFFONT.

    Cuando los zapatos tenían que durar todo el curso y sólo podían calzarse los domingos y en algunos días muy señalados del año, a Rita Garrido se le fueron los ojos hacia los que calzaba Cuqui. «Eran de un color rojo brillante, de charol. ‘Qué bonitos’, le dije». La reacción de su propietaria fue inmediata: se descalzó para entregárselos a su amiga. Entre sorprendida y agradecida, Rita Garrido le insistió en que se quedase con ellos, pero no logró que cambiase su decisión. Ella se justificó en casa diciendo que le apretaban. «Su madre la puso verde», agrega.

    El escenario fue una calle de O Carril (Vilagarcía), la acción se registró cuando el siglo XX se encontraba en su ecuador, y sus protagonistas tenían entonces entre diez y doce años. Solange, Rocío y Nadine son las tres hermanas de Cuqui, todas mayores que ella e hijas del matrimonio formado por Adalbert Laffon y Gracia Bayo, cuya llegada a Carril, en torno al año 1944, fue un acontecimiento en la pequeña localidad arousana que sigue estando muy presente en la memoria de sus vecinos.

    No puede decirse que sus inicios resultasen fáciles, porque después de haber comprado unos viveros en As Briñas para dedicarlos al cultivo de moluscos, las campanas de la iglesia parroquial comenzaron a sonar en señal de alarma, -recuerda Chito Bóveda, que pertenece a la familia propietaria del Restaurante Loliña y más tarde abrió un establecimiento de hostelería muy cerca, el Casa Bóveda-, que incluso quisieron volcarle su coche, de marca Opel.

    Adalbert Laffon

    «Medía 1,96 metros y nunca se había visto un hombre de semejante estatura por aquí», comenta Sito Persapón. Compró los viveros de Carmen, La Simeona, para dedicarlos a una actividad novedosa entonces: la cría de ostras. Superada la alarma propagada desde el campanario, la inquietud del vecindario dio paso a la curiosidad.
    Los carrilexos comprobaron que además de subirse a un bote para pescar en Sálvora, Ons, O Areoso o San Vicente, del mar también era posible extraer un bivalvo muy cerca de sus casas que tenía una buena acogida en varias ciudades españolas, que entonces quedaban muy lejos.

    Su vivienda se encontraba en una casa de bajo y una planta situada frente a la isla de Cortegada, a unos pasos del mar, que entonces compartía con el Restaurante Loliña, establecimiento por el que pasaron famosos personajes de la aristocracia y la sociedad, que hoy ocupa la totalidad de la edificación.

    «Siempre estaba en el muelle, rodeado de gente y escuchando», recuerda Chito Bóveda. Adalbert Laffon también prestó atención a la sugerencia que le hizo un día un chaval que no tenía diez años, llamado José Luis Rodríguez Otero.

    Además de abrir el camino en el cultivo de ostras, aquel sorprendente francés puso en marcha una fábrica de detergente en la planta baja de su vivienda. Cuenta José Luis Rodríguez, que un día cuando regresaba de la escuela se acercó a la puerta de su casa, y a la pregunta de Laffon de qué quería, le respondió con una propuesta: convertirse en vendedor de su detergente.
    El francés lo citó para el día siguiente, y entonces le entregó dos botellas en una bolsa de papel y le dijo que si las lograba vender en menos de media hora se convertiría en su empleado. «Lo conseguí», afirma. El día siguiente le encontró comprador a cuatro. Poco a poco fue haciéndose con una cartera de clientes, además de poner en marcha la venta a domicilio por los domicilios de O Carril, Guillán, Trabanca-Sardiñeira y Bamio.

    Y cuando ya se había entablado una relación de confianza, le hizo otra propuesta. Sentado en una cafetería, José Luis Rodríguez explica que le planteó a Laffon la posibilidad de utilizar un lema para promocionar la venta del detergente. ‘Ni lejía ni jabón, usen siempre Persapón’. Superada su sorpresa, le respondió: «Sabes que es una buena idea», recuerda que le dijo. Transcurrido más de un mes desde entonces, Adalbert Laffon ordenó imprimir el eslogan en las etiquetas, además de sacar a la calle cientos de impresos con el mismo mensaje, que José Luis Rodríguez se encargó de distribuir puerta a puerta.

     

    Desde entonces lo conocen en Carril como Sito Persapón, después de haber sido Sito Persaponciño. «Las mujeres me llamaban diciendo, ‘ni lejía ni jabón, usen siempre Persapón’», añade. Asegura que fue el encargado del bote de vela en el que llevaba a sus cuatro hijas a pasar las jornadas de domingo a la isla de Cortegada, aunque otras versiones señalan que tal responsabilidad correspondió el todo momento a Juan, El Piquís, que también gobernaba el barco del francés.
    «Guapas no, guapísimas», subraya que eran todas ellas. También dice Sito Persapón que apenas salían de su casa. Y que la relación que mantenían con los vecinos era mínima. Chito Bóveda, Rita Garrido y otra vecina que las conoció, Pili Diz, coinciden con él a la hora de valorar su belleza, pero no comparten esta afirmación. Además de rechazar de plano el recato que les atribuye, Pili Diz recuerda una escena que causó sensación: la que protagonizaron Rocío, Solange, Nadine y Cuqui tirándose al agua desde el malecón, cosa que en aquella España en blanco y negro solo estaba al alcance del personal masculino.

    Y no solo eso, sino que lo hacían vistiendo bañadores de colores vivos, cuando las mozas del lugar tenían que bañarse resguardando las curvas con trajes menos sugerentes. «Eran las únicas que tomaban el sol en el malecón», recuerda Chito Bóveda. Fue tal el impacto que incluso corrió el rumor, sin fundamento alguno, de que para ponerse morenas evitaban el contacto de cualquier prenda de ropa cuando lo hacían en la azotea de su vivienda. «Y fumaban», apostilla.

     

    ‘Arrideverci Roma’ es el título de un disco de 45 revoluciones por minuto, con cuatro canciones, que interpreta Milla Pizzi y figura en la discoteca de Chito Bóveda. «Me lo regaló Nadine», comenta, al igual que otro, de Harry Belafonte, titulado ‘Calypsos’, comprado en una tienda situada en los Campos Elíseos de París. Su casa era una de las pocas de Carril que contaba con un gramó- fono a cuerda, que su padre trajo de Estados Unidos. Un vecino lo logró conectar a un aparato de radio, y era utilizado en los guateques que se celebraban por entonces en la vivienda de los Laffon.

    Se reunían entre 20 y 30 invitados, que acompañaban las ostras, cuyo tamaño duplicaba las que pueden verse actualmente en cualquier plaza de abastos, con vino del Ribeiro y tinto del país. Entonces estaba en boga el baile agarrado «y venían los moscones de todas partes: Vilagarcía, Pontevedra, Santiago». Los hijos de las familias más pudientes del entorno se dejaban ver por Carril para tratar de cortejarlas. Y todos recibieron calabazas. «Estaban muy preparadas y tenían poco nivel para ellas, que eran de otro mundo», justifica Pili Diz.

    Tampoco tuvo éxito el cura en su intento de que se uniesen al rebaño que pastoreaba. Rita Garrido comenta que Nadine lograba sacar de quicio con asiduidad al párroco, y le bastaba con presentarse en el templo, dedicado a Santiago Apóstol, patrón de España, con un escotado vestido de sisas que permitía intuir sus senos o dejaba al descubierto sus morenos hombros de adolescente.

    El ensotanado no permitió el acceso a la casa divina de mujeres en manga corta, y en su campaña contra la exposición ante el público de un solo centímetro de piel desnuda de mujer se encontró con un serio contratiempo: la proliferación de las denominadas medias de cristal o nylon. Pero tampoco se arrugó en su empeño ante esta prueba a la que le había sometido la moda llegada del extranjero. Sintiéndose defensor de los valores morales de la civilización occidental, ordenó a su sacristán que lo sacase de dudas, tarea que cumplía palpando las piernas de las jóvenes a las puertas del templo para comprobar que las llevaban puestas.

    Adalbert Laffon

    Está de más puntualizar que las hijas de Laffon no pasaron por semejante inspección. No fue este el único disgusto que le causó al pastor de almas la extranjería, porque pudo ser en 1955 o 1956 cuando quiso expulsar de la iglesia a una mujer en manga corta. Pudo haber conseguido su propósito, como muchas veces, pero resultó que había viajado desde Estados Unidos, donde vivía, para realizar el papel de madrina en una boda, y después de una agria discusión el sacerdote acabó cediendo y se celebró el sagrado sacramento del matrimonio. La novia no era otra que Pili Diz.

    “Cuando iban hasta Vilagarcía en sus bicicletas de color amarillo, el padre adelante y las tres hijas mayores detrás con sus minishorts, era un espectáculo», expone Chito Bóveda. «Eran unas bellezas», subraya Rita Garrido. «Aprendimos mucho de ellos», dice Pili Diz.

    Antes o después, acabaron sabiendo que la familia procedía de Bretaña (Francia), y que Adalbert Laffon era una persona importante. Lo que no acabó de estar claro es el motivo. Una versión indica que había colaborado con los nazis. La otra, que era un monárquico legitimista. En una nota de sociedad publicada por el periódico ABC en el año 1944 figura como agregado de Prensa de la Embajada francesa. Europa está en guerra y los aliados todavía no habían desembarcado en Normandía.

    «Había tenido algunos escarceos con el Gobierno de Vichy, a resultas de los cuales no podía volver a Francia si no se prestaba a un proceso de depuración», expone Juan Benet en ‘Luis Martín Santos, un Memento’.

    «No solo ingleses y norteamericanos se mostraron disconformes por la propaganda generada en la Península Ibérica, pues el agregado de Prensa de la Francia de Vichy en España, Adalbert Laffon, ya se había quejado, en agosto de 1941, por los comentarios que ‘Arriba’ emitía sobre las cosas francesas», expone Antonio César Moreno Cantano en su tesis doctoral de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares elaborada en 2008.

     

    Y cuando la familia ya se había integrado en la vida diaria de Carril, excepción hecha de los asuntos religiosos, abandonaron la localidad vilagarciana. Comentan, quienes trataron con los Laffon, que años después les devolvieron un castillo que les había sido incautado. Madrid.

    El modo de vida de aquellas muchachas también llamó la atención en Madrid. Narra Fernando Guillermo de Castro, en el Diario de Ibiza, como dos chicos besaban a Rocío en el Café Gijón, de Madrid, riéndose a carcajadas. «Las caras de los intelectuales progresistas reflejaban estupor, escándalo o reproche para una moral burguesa apenas camuflada», escribió en 2011. Uno de ellos era el escritor Luis Martín-Santos, el autor de ‘Tiempo de silencio’, que se convertiría en su marido.

    «En la Iglesia de San Jerónimo el Real se ha celebrado la boda de la señorita Rocío Laffon Bayo con el doctor en medicina D. Luis Martín-Santos Ribera», publicó el ABC el 29 de junio de 1952. El general y subsecretario del Ejército del Aire, Castro Garnica y los marqueses de Valdeiglesias, Santacara y Guijalba actuaron como testigos de la novia, indica.

    La pareja se estableció en San Sebastián, donde once años después ella fallecía a consecuencia de un escape de gas. Uno después era él quien perdía la vida en un accidente de tráfico registrado en Vitoria.

    Juan Benet, que mantuvo una breve relación con Solange, hizo una semblanza de la familia Laffon en su libro ‘Otoño en Madrid hacia 1950’. «A Solange le dedica un canto emocionado. Dice de ella que, sola, merecería un libro de mil páginas», escribe De Castro.

    Corría la mitad de la década de los 60 cuando Chito Bóveda vio a «un caballero con la gabardina sobre el brazo caminando por el muelle viejo, parándose a mirar». Era Adalbert Laffon. «Caminaba en sus recuerdos, volvió al presente y nos saludó antes de marcharse para no volver», recuerda emocionado.
    (Las fotos fueron cedidas por O Faiado da Memoria y reflejan distintas panorámicas de Carril)

    Transcurrido un mes desde la publicación de este reportaje, en el periódico Diario de Pontevedra, su autor recibía una carta, escrita por Puri Montenegro, que figura a continuación.

    Era un señor al que se le veía la clase que tenía, además de ser encantador, alto y guapo, y un gran padre. La madre era andaluza, pequeñita y también un encanto. Las más guapas eran Nadine y Solange. Las otras dos eran monas, pero la belleza de estas era impresionante. Hablaban un castellano con acento andaluz.
    Enseguida nos hicimos amigas porque nosotras estábamos internas en Placeres, aunque mis hermanas y yo vivíamos en Pontevedra, para evitar tener que cruzar la playa en unos inviernos que eran tremendos. Teníamos una amistad tremenda entre todas.
    Llegaron esas niñas y nos chocó porque eran distintas por su aspecto, por su forma de ser, sobre todo Solange y Nadine. Luego supimos que su madre había también estudiado en un colegio del Sagrado Corazón en Andaucía. Vinieron sin nada porque tuvieron quisieron detenerlo y tuvieron que escapar de Francia en la guerra, y nos contaban que huyeron esconditas en trenes. Fue tremendo.
    Él terminó siendo pescador de remo. Era admirable y siempre venía a las visitas, junto con el resto de los padres, que se celebraban los jueves y los domingos. Entonces las mayores tendrían entre 14 y 15 años y eran mucho más modernas que nosotras. Iban con bikini a la playa cuando nuestras madres nos obligaban a poner bañadores con falditas. Los rezos y los rosarios eran interminables. Aquel pudor era exagerado.
    Mantuvimos el contacto por cartas, nos vimos alguna vez, y se que la mayor se casó con un español y que Solange fue medio hippie. Mi padre, que fue médico y boticario, sacó el carnet de aviador civil e iba al Colegio de Placeres a la hora del recreo para echarnos caramelos y botes de leche condensada. “Niñas, sepárense que viene Montenegro”, gritaban entonces las monjas.

    Adalbert Laffon no Carril
    )


  • XA PODEDES DESCARGAR DOCUMENTAL E LIBRO

     

    MAIÑO MAIO XA ESTÁ DISPOÑIBLE E LIBRE EN INTERNET

    A peza audiovisual etnográfica, MAIÑO MAIO, que estreamos onte en Vilagarcía xa está en internet, concretamente no canal de youtube de O Faiado da Memoria:

    https://youtu.be/-IaICWEN0k4

    Tamén é posible baixar o libro en PDF que, sobre o mesmo tema e pola mesma persona, Carlos Rey, está na páxina de descargas da páxina de O Faiado da Memoria e a que podemos acceder directamente a través deste atallo que vos colocamos:

    https://app.box.com/s/obtebofvfz92d6dbuadbpcba3f5326s9

    E TODO ELO GRATIS!! QUEN PODE DAR MAIS?


  • Insoportable o apoio a VOX en ANDALUCIA

    Hitler non chegou por unha maioria de votos, . En noviembre do 1932, o Partido Nazi obtuvo pouco más do 33 % dos votos, insuficiente para gobernar en solitario. O 30 de Xaneiro de 1933, foi nombrado canciller gracias a una coalición.
    A partir de ahí, pasou o que pasou.
    A democracia non pode seguir permitindo o ascenso da extrema dereita en España, da forma que sexa as organizacions democraticas encabezadas polos partidos maoritarios, e decir o PP e o PSOE teñen que chegar a acordos para defender a nacion de esa corruptela vestida de democracia. E de unha amargura terrible ver como un dos lugares de España que mais emigrou, na actualidade respalda a extrema dereita alegando discursos de corte fascista en contra da man de obra extranxeira. como exemplo El Egido.
    Que Vox non goberne Andalucia, PP-PSOE- acordo democratico, asi non imos ben.

    No se debe desdeñar el número de andaluces que emprende la emigración exterior, fundamentalmente a lo largo de la década de los sesenta del siglo XX. En estos tres decenios emigran a Europa casi 370.000 andaluces, estableciéndose una diferencia en cuanto a los puntos de destino según las décadas. Así, en los sesenta más de la mitad se dirige a Alemania; en los años setenta, cuando la política migratoria de Alemania se endurece, limitando el número y restringiendo el tipo de permisos, el destino principal fue Suiza, que concentraba aproximadamente la mitad de las llegadas, durante los años ochenta, la emigración se limita casi exclusivamente a Suiza y a Francia.
    Según el Instituto Español de Estadística, que resalta la carencia de datos fiables, había, a mediados de los ochenta, 407.000 andaluces en el extranjero. Esto suponía más del 27% de los españoles emigrados al extranjero, lo que es bien significativo si tenemos en cuenta que entonces los andaluces constituyen el 17% de la población española. Sin embargo, y pese a que las migraciones que tienen lugar bajo el modelo fordista se caracterizan por su regularización, no debe desdeñarse el número de inmigrantes “sin papeles”, aunque también es cierto que muchos de ellos pudieron acceder a la regularización más rápidamente y en mejores condiciones que las actuales. Por otra parte, debemos destacar la discordancia de las cifras entre las distintas fuentes estadísticas y trabajos consultados.
    informacion sacada de Direccion General de Estadistica.


  • Entre Padron e Vilagarcia

    Fotografia de VIDA GALLEGA. 1936

    Do libro: Memoria do Sar
    Estanislao Pérez Artime. Coñecido como Tanis de la Riva, nado en Padrón en 1881 e finado en Vilagarcía de Arousa o 12 de marzo de 1945, foi un industrial e político galego, ademais de fotógrafo afeccionado.
    Fillo do comerciante José Ramón Pérez de la Riva, procedente de Ortigosa de Cameros (A Rioxa), e da padronesa María Dolores Artime Pérez, irmá de Eloy Artime Pérez. Foi concelleiro en Padrón e representaba no distrito de Padrón a Rafael Gasset Chinchilla e despois ao deputado Antonio Rodríguez Pérez.
    En 1929 creou a empresa Lámparas Iria SA, unha fábrica de lámpadas incandescentes, sendo o propio Estanislao xerente e presidente do Consello de Administración. Tamén foi presidente do Consello de Administración do Hotel Compostela.
    Foi deputado provincial en 1923 e vicepresidente da Deputación. Foi nomeado presidente da Deputación da Coruña a finais de 1935.
    Ao estalar a sublevación do 18 de xullo de 1936 foi represaliado, encarcelado, permanecendo unha temporada no cárcere de Santiago de Compostela. Cando saíu del, deu cartos para reparar o presidio, co fin de mellorar as condicións nas que se atopaban os presos. Logo pasou a unha habitación do Hotel Compostela, baixo vixilancia pagada por el, pero unha denuncia da Falanxe de Padrón fixo que o levaran ao Sanatorio Baltar. Foi expedientado pola Comisión Provincial de Incautacións de Bens en 1937. Wikipedia
    Festa ofrecida por Estanislao Pérez Artime no patio central da fábrica de lámpadas #Iria en 1927, amenizada coa música da banda do rexemento de Murcia #Padrón #OBaixoUlla 📷 Faro de Vigo (22/7/1927)



  • Artigo de Fernando Salgado

    En colaboracion co FAIADO DA MEMORIA.

    LAS HIJAS DE ADALBERT LAFFONT.

    Cuando los zapatos tenían que durar todo el curso y sólo podían calzarse los domingos y en algunos días muy señalados del año, a Rita Garrido se le fueron los ojos hacia los que calzaba Cuqui. «Eran de un color rojo brillante, de charol. ‘Qué bonitos’, le dije». La reacción de su propietaria fue inmediata: se descalzó para entregárselos a su amiga. Entre sorprendida y agradecida, Rita Garrido le insistió en que se quedase con ellos, pero no logró que cambiase su decisión. Ella se justificó en casa diciendo que le apretaban. «Su madre la puso verde», agrega.

    El escenario fue una calle de O Carril (Vilagarcía), la acción se registró cuando el siglo XX se encontraba en su ecuador, y sus protagonistas tenían entonces entre diez y doce años. Solange, Rocío y Nadine son las tres hermanas de Cuqui, todas mayores que ella e hijas del matrimonio formado por Adalbert Laffon y Gracia Bayo, cuya llegada a Carril, en torno al año 1944, fue un acontecimiento en la pequeña localidad arousana que sigue estando muy presente en la memoria de sus vecinos.

    No puede decirse que sus inicios resultasen fáciles, porque después de haber comprado unos viveros en As Briñas para dedicarlos al cultivo de moluscos, las campanas de la iglesia parroquial comenzaron a sonar en señal de alarma, -recuerda Chito Bóveda, que pertenece a la familia propietaria del Restaurante Loliña y más tarde abrió un establecimiento de hostelería muy cerca, el Casa Bóveda-, que incluso quisieron volcarle su coche, de marca Opel.

    Adalbert Laffon

    «Medía 1,96 metros y nunca se había visto un hombre de semejante estatura por aquí», comenta Sito Persapón. Compró los viveros de Carmen, La Simeona, para dedicarlos a una actividad novedosa entonces: la cría de ostras. Superada la alarma propagada desde el campanario, la inquietud del vecindario dio paso a la curiosidad.
    Los carrilexos comprobaron que además de subirse a un bote para pescar en Sálvora, Ons, O Areoso o San Vicente, del mar también era posible extraer un bivalvo muy cerca de sus casas que tenía una buena acogida en varias ciudades españolas, que entonces quedaban muy lejos.

    Su vivienda se encontraba en una casa de bajo y una planta situada frente a la isla de Cortegada, a unos pasos del mar, que entonces compartía con el Restaurante Loliña, establecimiento por el que pasaron famosos personajes de la aristocracia y la sociedad, que hoy ocupa la totalidad de la edificación.

    «Siempre estaba en el muelle, rodeado de gente y escuchando», recuerda Chito Bóveda. Adalbert Laffon también prestó atención a la sugerencia que le hizo un día un chaval que no tenía diez años, llamado José Luis Rodríguez Otero.

    Además de abrir el camino en el cultivo de ostras, aquel sorprendente francés puso en marcha una fábrica de detergente en la planta baja de su vivienda. Cuenta José Luis Rodríguez, que un día cuando regresaba de la escuela se acercó a la puerta de su casa, y a la pregunta de Laffon de qué quería, le respondió con una propuesta: convertirse en vendedor de su detergente.
    El francés lo citó para el día siguiente, y entonces le entregó dos botellas en una bolsa de papel y le dijo que si las lograba vender en menos de media hora se convertiría en su empleado. «Lo conseguí», afirma. El día siguiente le encontró comprador a cuatro. Poco a poco fue haciéndose con una cartera de clientes, además de poner en marcha la venta a domicilio por los domicilios de O Carril, Guillán, Trabanca-Sardiñeira y Bamio.

    Y cuando ya se había entablado una relación de confianza, le hizo otra propuesta. Sentado en una cafetería, José Luis Rodríguez explica que le planteó a Laffon la posibilidad de utilizar un lema para promocionar la venta del detergente. ‘Ni lejía ni jabón, usen siempre Persapón’. Superada su sorpresa, le respondió: «Sabes que es una buena idea», recuerda que le dijo. Transcurrido más de un mes desde entonces, Adalbert Laffon ordenó imprimir el eslogan en las etiquetas, además de sacar a la calle cientos de impresos con el mismo mensaje, que José Luis Rodríguez se encargó de distribuir puerta a puerta.

     

    Desde entonces lo conocen en Carril como Sito Persapón, después de haber sido Sito Persaponciño. «Las mujeres me llamaban diciendo, ‘ni lejía ni jabón, usen siempre Persapón’», añade. Asegura que fue el encargado del bote de vela en el que llevaba a sus cuatro hijas a pasar las jornadas de domingo a la isla de Cortegada, aunque otras versiones señalan que tal responsabilidad correspondió el todo momento a Juan, El Piquís, que también gobernaba el barco del francés.
    «Guapas no, guapísimas», subraya que eran todas ellas. También dice Sito Persapón que apenas salían de su casa. Y que la relación que mantenían con los vecinos era mínima. Chito Bóveda, Rita Garrido y otra vecina que las conoció, Pili Diz, coinciden con él a la hora de valorar su belleza, pero no comparten esta afirmación. Además de rechazar de plano el recato que les atribuye, Pili Diz recuerda una escena que causó sensación: la que protagonizaron Rocío, Solange, Nadine y Cuqui tirándose al agua desde el malecón, cosa que en aquella España en blanco y negro solo estaba al alcance del personal masculino.

    Y no solo eso, sino que lo hacían vistiendo bañadores de colores vivos, cuando las mozas del lugar tenían que bañarse resguardando las curvas con trajes menos sugerentes. «Eran las únicas que tomaban el sol en el malecón», recuerda Chito Bóveda. Fue tal el impacto que incluso corrió el rumor, sin fundamento alguno, de que para ponerse morenas evitaban el contacto de cualquier prenda de ropa cuando lo hacían en la azotea de su vivienda. «Y fumaban», apostilla.

     

    ‘Arrideverci Roma’ es el título de un disco de 45 revoluciones por minuto, con cuatro canciones, que interpreta Milla Pizzi y figura en la discoteca de Chito Bóveda. «Me lo regaló Nadine», comenta, al igual que otro, de Harry Belafonte, titulado ‘Calypsos’, comprado en una tienda situada en los Campos Elíseos de París. Su casa era una de las pocas de Carril que contaba con un gramó- fono a cuerda, que su padre trajo de Estados Unidos. Un vecino lo logró conectar a un aparato de radio, y era utilizado en los guateques que se celebraban por entonces en la vivienda de los Laffon.

    Se reunían entre 20 y 30 invitados, que acompañaban las ostras, cuyo tamaño duplicaba las que pueden verse actualmente en cualquier plaza de abastos, con vino del Ribeiro y tinto del país. Entonces estaba en boga el baile agarrado «y venían los moscones de todas partes: Vilagarcía, Pontevedra, Santiago». Los hijos de las familias más pudientes del entorno se dejaban ver por Carril para tratar de cortejarlas. Y todos recibieron calabazas. «Estaban muy preparadas y tenían poco nivel para ellas, que eran de otro mundo», justifica Pili Diz.

    Tampoco tuvo éxito el cura en su intento de que se uniesen al rebaño que pastoreaba. Rita Garrido comenta que Nadine lograba sacar de quicio con asiduidad al párroco, y le bastaba con presentarse en el templo, dedicado a Santiago Apóstol, patrón de España, con un escotado vestido de sisas que permitía intuir sus senos o dejaba al descubierto sus morenos hombros de adolescente.

    El ensotanado no permitió el acceso a la casa divina de mujeres en manga corta, y en su campaña contra la exposición ante el público de un solo centímetro de piel desnuda de mujer se encontró con un serio contratiempo: la proliferación de las denominadas medias de cristal o nylon. Pero tampoco se arrugó en su empeño ante esta prueba a la que le había sometido la moda llegada del extranjero. Sintiéndose defensor de los valores morales de la civilización occidental, ordenó a su sacristán que lo sacase de dudas, tarea que cumplía palpando las piernas de las jóvenes a las puertas del templo para comprobar que las llevaban puestas.

    Adalbert Laffon

    Está de más puntualizar que las hijas de Laffon no pasaron por semejante inspección. No fue este el único disgusto que le causó al pastor de almas la extranjería, porque pudo ser en 1955 o 1956 cuando quiso expulsar de la iglesia a una mujer en manga corta. Pudo haber conseguido su propósito, como muchas veces, pero resultó que había viajado desde Estados Unidos, donde vivía, para realizar el papel de madrina en una boda, y después de una agria discusión el sacerdote acabó cediendo y se celebró el sagrado sacramento del matrimonio. La novia no era otra que Pili Diz.

    “Cuando iban hasta Vilagarcía en sus bicicletas de color amarillo, el padre adelante y las tres hijas mayores detrás con sus minishorts, era un espectáculo», expone Chito Bóveda. «Eran unas bellezas», subraya Rita Garrido. «Aprendimos mucho de ellos», dice Pili Diz.

    Antes o después, acabaron sabiendo que la familia procedía de Bretaña (Francia), y que Adalbert Laffon era una persona importante. Lo que no acabó de estar claro es el motivo. Una versión indica que había colaborado con los nazis. La otra, que era un monárquico legitimista. En una nota de sociedad publicada por el periódico ABC en el año 1944 figura como agregado de Prensa de la Embajada francesa. Europa está en guerra y los aliados todavía no habían desembarcado en Normandía.

    «Había tenido algunos escarceos con el Gobierno de Vichy, a resultas de los cuales no podía volver a Francia si no se prestaba a un proceso de depuración», expone Juan Benet en ‘Luis Martín Santos, un Memento’.

    «No solo ingleses y norteamericanos se mostraron disconformes por la propaganda generada en la Península Ibérica, pues el agregado de Prensa de la Francia de Vichy en España, Adalbert Laffon, ya se había quejado, en agosto de 1941, por los comentarios que ‘Arriba’ emitía sobre las cosas francesas», expone Antonio César Moreno Cantano en su tesis doctoral de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares elaborada en 2008.

     

    Y cuando la familia ya se había integrado en la vida diaria de Carril, excepción hecha de los asuntos religiosos, abandonaron la localidad vilagarciana. Comentan, quienes trataron con los Laffon, que años después les devolvieron un castillo que les había sido incautado. Madrid.

    El modo de vida de aquellas muchachas también llamó la atención en Madrid. Narra Fernando Guillermo de Castro, en el Diario de Ibiza, como dos chicos besaban a Rocío en el Café Gijón, de Madrid, riéndose a carcajadas. «Las caras de los intelectuales progresistas reflejaban estupor, escándalo o reproche para una moral burguesa apenas camuflada», escribió en 2011. Uno de ellos era el escritor Luis Martín-Santos, el autor de ‘Tiempo de silencio’, que se convertiría en su marido.

    «En la Iglesia de San Jerónimo el Real se ha celebrado la boda de la señorita Rocío Laffon Bayo con el doctor en medicina D. Luis Martín-Santos Ribera», publicó el ABC el 29 de junio de 1952. El general y subsecretario del Ejército del Aire, Castro Garnica y los marqueses de Valdeiglesias, Santacara y Guijalba actuaron como testigos de la novia, indica.

    La pareja se estableció en San Sebastián, donde once años después ella fallecía a consecuencia de un escape de gas. Uno después era él quien perdía la vida en un accidente de tráfico registrado en Vitoria.

    Juan Benet, que mantuvo una breve relación con Solange, hizo una semblanza de la familia Laffon en su libro ‘Otoño en Madrid hacia 1950’. «A Solange le dedica un canto emocionado. Dice de ella que, sola, merecería un libro de mil páginas», escribe De Castro.

    Corría la mitad de la década de los 60 cuando Chito Bóveda vio a «un caballero con la gabardina sobre el brazo caminando por el muelle viejo, parándose a mirar». Era Adalbert Laffon. «Caminaba en sus recuerdos, volvió al presente y nos saludó antes de marcharse para no volver», recuerda emocionado.
    (Las fotos fueron cedidas por O Faiado da Memoria y reflejan distintas panorámicas de Carril)

    Transcurrido un mes desde la publicación de este reportaje, en el periódico Diario de Pontevedra, su autor recibía una carta, escrita por Puri Montenegro, que figura a continuación.

    Era un señor al que se le veía la clase que tenía, además de ser encantador, alto y guapo, y un gran padre. La madre era andaluza, pequeñita y también un encanto. Las más guapas eran Nadine y Solange. Las otras dos eran monas, pero la belleza de estas era impresionante. Hablaban un castellano con acento andaluz.
    Enseguida nos hicimos amigas porque nosotras estábamos internas en Placeres, aunque mis hermanas y yo vivíamos en Pontevedra, para evitar tener que cruzar la playa en unos inviernos que eran tremendos. Teníamos una amistad tremenda entre todas.
    Llegaron esas niñas y nos chocó porque eran distintas por su aspecto, por su forma de ser, sobre todo Solange y Nadine. Luego supimos que su madre había también estudiado en un colegio del Sagrado Corazón en Andaucía. Vinieron sin nada porque tuvieron quisieron detenerlo y tuvieron que escapar de Francia en la guerra, y nos contaban que huyeron esconditas en trenes. Fue tremendo.
    Él terminó siendo pescador de remo. Era admirable y siempre venía a las visitas, junto con el resto de los padres, que se celebraban los jueves y los domingos. Entonces las mayores tendrían entre 14 y 15 años y eran mucho más modernas que nosotras. Iban con bikini a la playa cuando nuestras madres nos obligaban a poner bañadores con falditas. Los rezos y los rosarios eran interminables. Aquel pudor era exagerado.
    Mantuvimos el contacto por cartas, nos vimos alguna vez, y se que la mayor se casó con un español y que Solange fue medio hippie. Mi padre, que fue médico y boticario, sacó el carnet de aviador civil e iba al Colegio de Placeres a la hora del recreo para echarnos caramelos y botes de leche condensada. “Niñas, sepárense que viene Montenegro”, gritaban entonces las monjas.


  • Adalbert Laffon no Carril

    Reportaje de Olalla Bouza no Diario de Arousa en colaboracion con O Faiado de la Memoria

    Bikinis y ostras. Ese fue el legado que la familia Laffon dejó en Carril, lugar en el que se refugiaron tras huir de la Francia liberada. Adalbert Laffon era un pronazi que creció al amparo del régimen de Vichy y que abandonó su Bretaña natal sobre 1944 refugiándose en los paisajes que miran a la paradisiaca Cortegada.
    Aunque su llegada no fue del todo bien recibida por unos carrilexos que temían una invasión francesa siglo y medio después de Napoleón Bonaparte. Y es que la llegada de Adalbert Laffon con su mujer Gracia y sus cuatro hijas, Solange, Rocío, Nadine y Cuqui, que destacaban por su belleza, no pasó inadvertida en el siempre suspicaz Carril, especialmente cuando comenzó a hacerse con una de sus riquezas más preciadas.
    Poco después de llegar, Adalbert Laffon se hizo con cuatro viveros ubicados en la zona que hoy ocupa el bar Loliña (muy cerca de donde vivía esta familia francesa). La ?operación? mereció incluso que se hiciera sonar la campana, símbolo inequívoco de que las alarmas se habían disparado.
    Finalmente no fue necesaria ninguna guerra de independencia. La compra de Laffon sirvió para introducir en las aguas arousanas un cultivo del que luego vivirían generaciones enteras de carrilexos: La ostra. ?Nos dio la vida?, recuerda Pilar Diz, cuñada de Juan Castromán, que fue contratado por el francés para llevar su barco, al que le puso de nombre como una de sus hijas, Rocío.
    Fueron precisamente las cuatro jóvenes hijas del matrimonio las que causaron una segunda revolución en toda Vilagarcía, aunque esta no fue de tipo económico sino más bien en el ámbito de la moda. Y es que el bikini llegó a la Compostela de la mano de Rocío, Nadine, Solange y Cuqui.
    La belleza de estas cuatro mujeres traspasó las fronteras arousanas. Y es que la familia Laffon no se afincó definitivamente en Carril y las crónicas de la época los sitúan en un paraíso bien distinto, Ibiza, allá por los años sesenta. Así lo cuenta en un diario local el escritor Fernando Guillén de Castro, quien asegura que Solange Laffon (?joven, cenceña, siempre sin maquillaje alguno?) fue el gran amor de uno de los hombres más influyentes de la literatura española del siglo XX, Juan Benet. No fue la única musa de la familia. Rocío Laffon protagonizó una trágica historia de amor con el autor de ?Tiempo de Silencio?, Luis Martín Santos. Se casaron en 1953 y tuvieron cuatro hijos. Una década después, ella moriría en un escape de gas. Al año siguiente, él siguió sus pasos al no lograr superar las graves secuelas que le dejó un accidente de tráfico.


  • Leon XIII escuela y casa para los niños desahuciados

    Xosé María Díaz, Emilio Lois, Ramón Otero, Aquilino Iglesias, Nicolás Jamardo, Celestino Noya é Jesus Garrido.

    Olalla Bouza no Diario de Arousa, en colaboracion co Faiado da Memoria

    Un aula típica del franquismo, con sus pupitres de madera, su crucifijo y el Generalísimo presidiendo. Unos dedos amarillentos por el tabaco posan sobre la mesa de profesor. No se oye ni el ruido de una mosca. Al otro lado, los atentos ojos de unos niños que no saben que décadas después recordarán a la perfección este momento y sobre todo al hombre que tenían en frente, Luis de Saa, uno de los maestros más queridos de la escuela León XIII.
    ?Don Luis de Saa Bravo además de un gran y serio profesor, a mí particularmente me tenía en gran estima. No en vano era el recadero, cosa que se agradecía en aquella época por poder ausentarse durante algún tiempo de la clase aunque él me lo coronometraba diciendo: hoy tardaste cinco minutos más de la cuenta. Repuesta: Es que había mucha gente, don Luis. El recado era, ni más ni menos, ir a buscarle una peseta de pitillos ideales amarillos?, recuerda Ramiro en el blog de O Faiado.
    También Jesús Garrido, el que fue su director durante muchos años y que, por su bondad y generosidad que iban más allá de las horas de aula, siguen en la memoria de los pupilos que hoy convertidos en adultos guardan un cariñoso recuerdos de aquellos profesores que entendían la enseñanza como una vocación.
    Mucho antes de que existiesen modernos manuales de pedagogían y ratios, las aulas de León XIII estaban abarrotadas y aquellos maestros, lejos de estresarse o pedir bajas, luchaban para que muchos de aquellos niños pudiesen seguir estudiando.
    ?Mi padre tenía fama porque en el colegio León XIII podían estudiar los que no tenían dinero, sin pagar un céntimo. A más de uno (incluso desconocidos) lo llevó a vivir a su casa?, relata su hijo Daniel en el blog de O Faiado da Memoria. Por aquel centro también pasaron otros profesores ilustres como Aquilino Iglesias Alvariño, Celestino Noya o Xosé María Díaz de Castro, a quien dedican el próximo año el Día das Letras Galegas
    Jesús Garrido se hizo cargo de la dirección colegiada del centro el siete de marzo de 1939 por un salario de 350 pesetas mensuales y junto a Aquilino Iglesias Alvariño, que cobraría 500 y asumiría las funciones de gestión de personal. Ambos tenían una relación que iba mucho más allá de lo profesional y ambas familias eran muy amigas.
    Hasta tal punto que, y tal y como relata Daniel, una mujer llamó a casa de los Garrido y fue Dolores Ferreirós, Lola, casada con Iglesias Alvariño, la que abrió la puerta. ?Yo soy la madre de un alumno que estudia en el León XIII. Le traigo este cordero. Pero mire, quisiera pedirle un favor: Que no le diga nada a don Aquilino. Es que solo tenemos uno?, le dijo. ?No se preocupe, nunca lo sabrá?, le contestó Lola, que horas más tarde volvería a encontrarse a la salida del cine Fantasio con aquella agradecida señora del cordero, que se quedó de piedra cuando vio al brazo de quién iba agarrada.
    Hola a todos:

    Quisiera aclarar que el hecho de que Carlos Lessner, señor al que por cuestiones temporales no tuve el placer de conocer, aparece cortado en la foto por una simple cuestión técnica. La maqueta del reportaje tiene una foto principal con un corte muy fileteado que me obligaba a cortar uno de los extremos de la fotografía, es decir, o cortar a Carlos Lessner o c#blgtk08#ortar a Jesús Garrido. Por obvias cuestiones de interés informativo me decidí por la primera opción. Que a nadie le quepa duda que ahora que ya tengo información sobre Carlos Lessner, su figura será objeto de otro artículo, pues si hay algo que aprendí desde muy niña es que nadie tiene culpa de los errores de sus antepasados ni de sus descendientes. Un saludo y a vivir, que son dos días
    Comentario por Olalla (11-08-2013 17:15)
    Siempre leo la Crónica Dominical que nos escribe OLALLA BOUZA, sobre unos tiempos que yo no deseo recordar… El artículo lo escribió para el Diario de Arousa, como todos los fines de semana.

    En este artículo que lo borda nuestra periodista OLALLA, hay dos anécdotas que parecen escritas para que yo ponga ahí mi granito de arena. Seguro que a ella no se le ocurrió nada, porque no vivió ésos tiempos tan agudos…

    En ése artículo se cita “el tabaco para Don Aquilino”. No tendría nada de particular si el chico-recadero fuera a comprar el tabaco requerido, a un estanco. El pedido era comprar “una peseta de pitillos de papel amarillo, marca Ideales” y esto indica que el bolsillo del Profe, no andaba muy boyante de dinero… Estaba muy claro.

    Siendo yo un crío de más de doce años, compraba en el Bar “El Bodegón”, por la parte de Ambrosio Bobo), entrada muy poco conocida, el tabaco para mi consumo. La señora que llevaba este negocio, era tía de los Pego, de la Calle del Mercado. Era un modo de hacer estraperlo, con cuatro calderillas. Ella tenía escondido el tabaco por si había una Inspección de la Fiscalía de Tasas. El tabaco estaba metido entre las potas de la cocina. Te vendía lo que querías: 2-4-6… pitillos, como si nada. Cualquier marca. Rubio o moreno.
    Aquéllo era como hoy en #blgtk08#El Corte Inglés. Había de todo tipo de tabaco.
    En el Bar, había un loro que hablaba y decía palabrotas. Había un cliente que se paraba siempre con él. Se llamaba en vida, Antonio González (O da Celta). Era como el domador Angel Cristo. En El Bodegón había un loro y en el Bar Miño, había otro muy parecido. Lo mismo.

    Ahora me voy a referir al obsequio que recibió la señora de D. Aquilino Iglesia Alvariño, que consistió en un cordero, al que sólo le faltaba el adobo para meterlo en la pota. Cuando esta buena señora puso en sus manos el corderillo en cuestión, miraría al Cielo, para agradecer aquélla ofrenda de parte de la madre de un alumno del Colegio León XIII. Todos sabemos que por aquélla época no eran muy frecuentes estas acciones tan bondadosas por parte de los padres de ciertos alumnos. Na casa dun maestro non se chegaba moi lexos, cos sueldos que había. Por eso hubo xente que non aceptóu aquela frase que decía: “Pasas máis fame que un mestre de escola”…

    Houbo quén o dicía como un insulto, e eso non debe ser así. Hai que respetar a ésos homes, que os nosos fillos dependen deles.Xente moi boa toda ela.
    Comentario por E. García – Santiago (12-08-2013 19:01)
    Complementando a Eduardo y aunque este no és el lugar idóneo, diré que el Bodegón tenia una entrada entre Bobo y la Lecheria de Laiño. Daba a un patio y despues estaba la puerta de entrada.
    La señora se llamaba Luisa y era pariente Peté por parte de padre. A mí siempre me quiso mucho.
    Tenia la cocina a la derecha y un pequeño comedor a la izquierda. Despues de la cocina, los barrilles y una barra enorme que daba a la Baldosa.
    Recuerdo que ponian un tablero con los resultados de futbol los domingos.
    El empleado de Luisa se llamaba Manolo y fué el que cojió despues el Bar Miño por lo que no descarto que el loro fuese el mismo.
    Lo tenia enseñado con una frase que decia “paga y no j….? y la repetia continuamente por lo que si a alguno se le ocurria marchar sin pagar siempre lo cazaba y se le subian los colores. Gran mujer e incansable trabajadora Luisa la Pega. Un recuerdo para ella.
    Comentario por Cándido (12-08-2013 23:31)
    Agradezco al amigo Cándido sus pinceladas aclaratorias a mi escrito. Se dió la circunstancia que no fui capaz de recordar por un momento, el nombre de la señora Luisa, la del Bodegón. Mi mujer se llama así…

    Esta señora era madrina de un chico algo mayor que la esposa de Farruco. Eran cuatro hermanos. Daniel, Lolo, José y la chica, que no recuerdo ahora su nombre.

    Pero la señora Luisa tenía chochera por el amigo José, llamado entre los de la pandilla “Cachula”. Era un gran rapaz. Sin despreciar a ninguno de su casa. Yo cambiaba los chistes aquéllos de Roberto Alcázar, el Jabato, La Pandilla de los Siete, etc. Y este era un motivo para que yo frecuentara su casa para el intercambio de los mismos o el préstamo.
    Su padre era camionero de la Huevera.
    Lolo con Simeón, Daniel en Hostelería y la chica, muy guapa ella era novia de Farruco. Todo estaba tal como lo pongo. La madre de ellos era un fenómeno de mujer y de madre.

    El amigo “Cachula” iba todos los domingos hasta El Bodegón, donde estaba su tía-madrina, llamada Luisa. Allí el amigo recogía su paga dominical que muy cariñosamente le daba su tía. Y si de paso había por la cocina algún paquete de tabaco interesante, ya teníamos “vicio” para todo el día.

    Estamos hablando de chicos muy jóvenes. Quizá 13-14 años… Pero sin ésa malicia que vemos por estas fechas. El amigo compartía su botín tabaquero con todos nosotros y nuestro cuartel general estaba allá lejos, en el Muelle de Hierro. #blgtk08#Refiriéndome a “Cachula” te diré, amigo Cándido, que hace muchos, pero muchos años, que no sé nada de él. Supe que fue a navegar en barcos wikingos de Noruega. Después de ésa información ya no hubo otra… Espero que este silencio no sea por ésas cosas que muy frecuentemente vemos al abrir el FAIADO. Yo tuve fotos con él pero quedaron en casa de mi padre cuando dejé ésa tierra. Donde hay una madrastra, sobra todo lo bueno…

    También yo recuerdo a una señora que despachaba la leche entre El Bodegón y el Comercio de Bobo. Esta señora, creo que le llamaban La Sisana, porque quizá fuera de Sisán. Y un día me llevaron junto a ella, una mujer que llevaba sus cien kilos con ella, pero además tenía dotes de menciñeira. Yo había dislocado un tendón en una mano, jugando al fútbol y mi padre me llevó allí, porque alguien le dijo que dominaba muy bien ésa técnica y…¡Dios nos colla confesados!

    A miña man saléu de alí máis escarallada do que estaba. ¡Las pasé moradas con ésa mujer! Tenía mucho dolor y el accidente había sido mucho tiempo antes. Quizá dos meses y… ¿Qué queres que che diga eu? Non quedéi sin a man, porque Deus non o quixo así.

    El detalle del loro, no lo sabía. Porque es posible que en vez de dos, fuera únicamente uno. Lo ignoro. Todo aclarado, os deseo lo mejor a los dos.
    Comentario por E. García – Santiago (13-08-2013 21:23)
    El loro q estaba en el bodegon se llamaba tito y cuando mi tia cerro el bodegon se lo llevo un cliente del bodegon para madrid.
    Y los sobrinos de Luisa por parte de su hermano Daniel eran cinco Carmen (vda de Saavedra) Daniel(+) Manolo (+)Cachulas y Sisa(vda de farruco fernandez)
    Comentario por kaly fernandez pego (14-08-2013 23:51)

     


  • VIÚVAS DE MORTOS

    A nosa amiga e colaboradora de O Faiado da Memoria, Patricia Arias Chachero, estaba invitada ao roteiro que O Faiado e a Iniciativa Cidadá pola Memoria Histórica de Vilagarcía ó roteiro pola Illa de San Simón o pasado 7 de setembro. Circunstancias personais non lle permitiu no último momento poder acercarse e decide volcar no Sermos o que nos ía a contar na illa, historias de mulleres que formaban parte das familias dos asasiñados pola turba fascista/falanxista que se levantou en armas contra o goberno legal o 18 de xullo de 1936,

    Leelo é mais interesante que seguir escribindo isto.